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Opinión

Día mundial de la Alimentación: estrategias frente a la obesidad y el cambio climático


 Por Nicole Lasserre-Laso, Nutricionista, MSc. Nutrición Humana (*)

Nicole Lasserre-Laso

Este 16 de octubre se conmemora el día mundial de la alimentación. Y si bien, nos encontramos en este momento frente a una pandemia por el COVID, el escenario sanitario a nivel global es aún más complejo: obesidad, desnutrición y cambio climático son las principales amenazas para la salud de la población, siendo definidas como una “sindemia” mundial, por una de las comisiones de la revista “Lancet” ya que se trata de una sinergia de epidemias que se presentan simultáneamente, comparten determinantes sociales e interaccionan entre sí.

La alimentación tiene un rol fundamental en cada una de ellas. Aunque hay suficientes alimentos para toda la población, la desnutrición afecta a un tercio de la población mundial y los alimentos como frutas y vegetales no son asequibles en todo el mundo, siendo los modelos comerciales y las desigualdades en la distribución de la riqueza las causas, donde quien no puede comprar no puede alimentarse. Por otro lado, los patrones de alimentación occidentales se caracterizan por un alto consumo de alimentos envasados y ultraprocesados, altos en azúcar, sodio y grasa saturadas que, en conjunto con la falta de actividad física, se han asociado al desarrollo de obesidad y alteraciones metabólicas incluso desde etapa infantil.

En el caso de Chile, si bien, durante la década del 80 se logró superar rápidamente la desnutrición, enfermedades infecciosas y la moralidad materno-infantil, durante las décadas siguientes se vivió una transición demográfica y nutricional hacia la urbanización y occidentalización. Estas significativas modificaciones en los estilos de vida de la población, principalmente la alimentación y la actividad física, más el actual tiempo que pasamos frente a pantallas, nos llevan a liderar el ranking de obesidad infantil y a que un 70% de las personas adultas del país presente sobrepeso u obesidad.

Sumado a este perfil epidemiológico, aumenta también la preocupación frente al cambio climático y calentamiento global, donde la industrialización de los productos alimentarios, más la creciente demanda de alimentos por la sobrepoblación mundial, ha posicionado a la industria alimentaria como uno de los mayores contaminantes. Por lo tanto, los sistemas alimentarios no solo impulsan las pandemias de obesidad y desnutrición, sino que también generan entre 25% y 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este sentido, la soberanía alimentaria, las dietas basadas en vegetales y la lactancia materna se han posicionado como estrategias efectivas frente al actual escenario, disminuyendo la huella de carbono y favoreciendo estilos de vida saludables. El primer alimento que recibe el ser humano es la lecha materna, a través de un proceso natural y fisiológico que, además, se adapta a las necesidades del lactante siendo estimulada por la succión, no requiriendo absolutamente ningún recurso natural en su producción (a diferencia de las fórmulas lácteas) pues está lista para ser otorgada en el momento que el lactante lo requiere.

Así mismo, los patrones de alimentación veganos o vegetarianos, adecuadamente planificados han demostrado ser saludables y contribuir a la prevención de enfermedades cardiovasculares muy presentes en la población. Por su parte, la mayor emisión de contaminantes atmosféricos se asocia a la industria ganadera, generando una alta huella de carbono debido a que adicionalmente para producir 1 kg de carne se requieren 16.000 litros de agua y 3 kilos de granos, por lo que preferir alimentos de origen vegetal trae consecuencias favorables al medio ambiente.

Crear modelos comerciales sostenibles, con enfoque indígena y tradicional de la salud y el bienestar, comprometer a la sociedad y fortalecer los gobiernos y los sistemas producción locales (comunas, barrios, municipios) para movilizar las acciones son otras estrategias mencionadas en el informe sobre esta “sindemia” mundial. Desafíos que nuestro país aún tiene pendientes, y donde las políticas públicas, si bien han logrado avances, aún se hace necesario que la industria alimentaria no se concentre sólo en empresas transnacionales, que el estado asegure una distribución equitativa de las riquezas y sistemas alimentarios sostenibles que favorezcan la salud de la población.

(*) Académica carrera Nutrición y Dietética Universidad Santo Tomás Los Ángeles / Investigadora de Consorcio ELHOC Research

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