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Opinión

Mi punto y final sobre la deuda histórica


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Desazón, desesperanza, frustración y rabia contenida – y  hasta una paradojal conformidad en ciertos casos (y no sin razón, es claro) – es lo que de ordinario se observa como componente emocional principal en los discursos de los profesores jubilados en cada una de las redes sociales de las que participan, a propósito de hacer referencia a la  denominada Deuda Histórica que por casi cuarenta años, ignominiosamente, ha venido acompañándoles; y esto, porque los esfuerzos desplegados por muchos de los mismos ante las autoridades de distintos poderes del Estado – Ejecutivo y Legislativo, en lo específico – se han vuelto nada, como siempre se ha sido, en desmedro de sus intereses personales.

Desde luego, atentan en su contra y del principal propósito que les motiva hoy por hoy (que es el pago de la Deuda Histórica), tanto (1) la falta de una columna vertebral y, en consecuencia, la ausencia de una conducción homogénea y aglutinante representada por una entidad gremial única – una persona jurídica, una voz propia y autónoma, como he sostenido en no pocas oportunidades, y que bien podría  denominarse “Asociación de Profesores Jubilados de Chile (APROJUCH)”, con un registro  nacional de socios – que hoy no existe, como (2) lo disperso de las agrupaciones y las ideas y la ausencia de unas interacciones reales entre ellas, obviamente. Situación, ésta, que se agrava tanto más, cuando algunos de los profesores jubilados – porque no todos, por cierto – se agrupan en calidad de compartimentos estanco al interior de ciertas organizaciones, terminando por ser, a la postre, cuerpos decorativos condenados a un cafecito semanal, con escasa o ninguna figuración corporativa, toda vez que las necesidades e intereses de quienes se congregan allí siempre estarán en segundos o terceros planos – o por qué no, en los últimos, de ser necesario -, si se consideran los normales y legítimos requerimientos de quienes son profesores activos.

Ahora bien, lo que las autoridades y la sociedad chilena deberían comprender sobre este particular – y sin que sea mucho pedir, estimo – es que todos los profesores que están afectos a la Deuda Histórica (de los anteriores a esta generación no podemos hablar porque en su mayoría ya no están con nosotros, luego de haber pasado, se supone, a mejor vida), están en el último cuarto, o quinto o sexto, o séptimo de su existencia, esto es, a días, semanas, meses o a pocos años – así de real – para dejar este mundo y siempre en la idea de que se haga justicia para ellos, esperando a que de una vez por todas se tome conciencia de que lo que se cometió en su contra fue el mayor  acto de usurpación de que hayan sido objeto jamás, un acto de apropiación indebida de sus ingresos con el pretexto de que los servicios traspasados a las municipalidades – que eran públicos y siguen siéndolo – no contaban con la calidad de tales, no obstante estar disponibles desde ese momento para ser administrados por una corporación autónoma de derecho público que maneja recursos públicos, en la que laboran funcionarios públicos y que como todo servicio de idéntica naturaleza está afecta a la supervigilancia de la Contraloría General de la República.

El asunto es que el problema existe y que es de todos conocido – incluso internacionalmente -, requiriéndose para su solución definitiva: (1) que las autoridades de que se trate cumplan con sus ofertas de campaña (esas que a diestra y siniestra se han comprometido en los procesos electorales de todo tipo y desde los distintos sectores políticos, sin excepción), pagando como corresponde la tal Deuda Histórica y (2) que los profesores jubilados incumbentes se ordenen y coordinen por medio de la creación de una – ya tantas veces mencionada – Asociación de Profesores Jubilados de Chile (APROJUCH), porque será la única institución gremial que en definitiva de haga cargo de este caso y otros concurrentes.

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