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Opinión

Un Chile para sus regiones


 Por Felipe Harboe, senador de la República

Felipe Harboe, senador

A partir del próximo año nuestro país dará inicio a un proceso absolutamente inédito en lo relativo a la descentralización y democracia regional. Por primera vez en la historia republicana se elegirán autoridades de nivel intermedio. Esta modalidad -que fue tardía- nos igualará frente a democracias consolidadas y podremos salir del pequeño grupo de países OCDE que no eligen a sus autoridades regionales, lugar que hoy compartimos sólo con Turquía.

Recientemente, un grupo de legisladores presentó un proyecto de ley para postergar dichas elecciones, argumentando que el Gobierno esta vez sí presentará una la ley corta que fortalece las atribuciones de los gobernadores y, además, la ley de rentas regionales, para otorgarle “poder” y “financiamiento” a las regiones. Por qué habríamos de creer ello, si basta recordar que esto último fue un compromiso de los últimos 4 ministros de Hacienda, de dos gobiernos distintos y ninguno cumplió, simplemente porque no quieren entregar poder a las regiones. Digámoslo claro, quieren que Santiago maneje el destino de todas las regiones de Chile, pero no entienden que eso se debe terminar. Sí, con responsabilidad y gradualidad, pero es de toda lógica que las autoridades regionales electas cuenten con atribuciones presupuestarias, e incluso tributarias para mejorar la calidad de vida y competitividad de sus territorios. Mas allá del tema de fondo, si observamos que, de mantenerse el cronograma electoral, dichas autoridades comenzarían sus mandatos en mayo de 2021, existiría tiempo suficiente para que el Gobierno envíe a tramitación y se aprueben las leyes de rentas regionales y nuevas potestades. Por ello, entonces, no se ve razón objetiva alguna para postergar dichas elecciones. Seamos claros, detrás de esa idea hay calculadoras electorales, es decir, cálculos de conveniencia en atención a las reales posibilidades de elegibilidad de unos u otros candidatos de partidos políticos. Chile no merece esto. La política es mucho mas que meros cálculos y lucha por el poder. La política con mayúscula debe ser capaz de conducir procesos democratizadores basados en cambios sociales, culturales y adoptar decisiones pensando en el bien común y no en el exclusivo interés de sus militantes. Ñuble y las otras 15 regiones merecen respeto. Advierto desde ya que VOTARÉ EN CONTRA de todo intento de postergar las elecciones de gobernadores regionales.

Pero quizás sea oportuno abrir la puerta a un debate de fondo ad-portas de nuestra discusión constitucional. Necesitamos consagrar en nuestro nuevo pacto social, la existencia de un “estado unitario y descentralizado” para que la legislación que se dicte (más allá de gobernantes y legisladores de turno) tenga siempre como base el principio del reconocimiento de la equidad territorial, la descentralización y la capacidad de resolver la mayor parte de los problemas locales en el territorio. Chile debe dar una discusión de fondo respecto de la forma de utilizar su territorio de manera eficiente, integradora, sustentable y propender a un sistema descentralizador de capacidades, inversiones, potestades y oportunidades. Debemos luego reponer el debate de la conectividad vial inter e intra regional y la conectividad eléctrica y tecnológica indispensables para el desarrollo de nuevos negocios y oportunidades educacionales y laborales. Una nueva constitución debe hacerse cargo de estos temas y no quedarse anclada en discusiones de pasado. El mundo, el país, la región, la sociedad cambió y necesitamos una forma de organizarnos donde cada territorio pueda desarrollar su identidad cultural y productiva; y eso pasa por entregar poder de decisión a las autoridades que los ciudadanos locales elegirán en abril.

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