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Opinión

Por qué una Asociación de profesores jubilados de Chile (Aprojuch)


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

La respuesta, al cabo, no puede ser más simple: “los problemas y necesidades propios de los docentes jubilados – y digo ‘docentes’, con el fin de hacer referencia explícita, además, a todos aquellos profesionistas que durante su vida laboral activa cumplieron funciones pedagógicas en los centros de enseñanza del país allí donde fueron requeridos sin ser profesores, a propósito de que sus distintas profesiones constituían una necesidad para la formación escolar de los estudiantes, en especial para los de la Educación Técnico Profesional – no son pero ni remotamente cercanos a los que afectan a los enseñantes activos, comenzando por las improntas que su día a día les impone.

Para este segmento docente, lejos quedaron, entre otras y para siempre, sus luchas gremiales por mejores condiciones para el ejercicio de la profesión, por la necesidad de una carrera docente más justa en términos de progresión salarial, por una titularidad sin concursos públicos para quienes se habían desempeñado por años en calidad de contratados en los sistemas comunales de educación, por la propiedad de las extensiones horarias, por el respeto a sus derechos laborales y fundamentales durante el ejercicio de sus roles específicos (directivos, técnico pedagógicos o áulicos), por reformas estructurales y de fondo al sistema educacional (escolar y superior) que redundasen en una reformulación del mismo, por la educación como un derecho consagrado constitucionalmente, por una educación no sexista, por una educación en general inclusiva e integradora y por el término de la educación de castas instalado en el sistema escolar vigente (reconocida también como segregación escolar o apartheid educativo,  evidenciada con la educación particular pagada, la educación particular subvencionada y la educación municipalizada).

Vistas así las cosas, es claro, por cierto, que las improntas, requerimientos y esperanzas de estos profesionales – atendida la desastrosa y nueva realidad que sí o sí deben enfrentar y asumir como parte de su cotidianidad – son en definitiva otras y decantadoras de nuevos movimientos, en el caso de que tuvieran lugar. Téngase en cuenta, como lo he sostenido antes, que con el objeto de atenuar su precariedad emergente, muchos profesores jubilados se han visto en la necesidad de  retornar a una vida laboral tan precaria como su propio sino actual y en modo alguno correlacionable con su formación académica en la educación terciaria o superior al tener que desempeñarse como empacadores y aseadores en supermercados, recolectores de basuras, barrenderos de plazas y calles, conserjes y guardias, empleados de ferias, con excepción de aquéllos, desde luego, que han sido reclutados como apoyo pedagógico – hablando de los mejor ubicados – por alguna ONG que ha requerido de sus servicios docentes; a los que deben agregarse (y los más ancianos por desgracia) quiénes se han visto en la obligación de recurrir a la caridad de la calle, a cantar en los espacios públicos y a recoger de los basureros de mercados y ferias las verduras y frutas menos dañadas para engañar a su estómago un día más. 

Dicho lo anterior, resulta del todo sencillo inferir que las luchas presentes y futuras de los docentes pasivos deben ir por su derecho inobjetable al pan, al techo, al abrigo, a una salud integral y digna, al ocio planificado, a la cultura y educación continua, a una integración y participación social efectivas, conforme su valía de personas, maestros y ex servidores públicos; temas, todos éstos, que no han estado ni estarán entre las urgencias de gremio docente alguno. De ello da cuenta – y de manera brutal – la última patochada del Mineduc y su suspensión del encuentro por la Deuda Histórica y por la cual se torna indispensable la necesidad de contar con una Asociación de Profesores Jubilados de Chile (APROJUCH) que vele por cada una de sus propias demandas.

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