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Opinión

La relación médico-paciente en tiempos líquidos


 Por Nicolás Saá, Académico Facultad de Medicina UCSC

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Todo quehacer en los tiempos actuales -parcela de la era de la posverdad, terreno de la postmodernidad globalizada y digitalizada-, citando al sociólogo, ensayista y filósofo polaco- británico Zygmunt Bauman, se vuelve líquido, sin permanencia, sin solidez, sin substancia “clara y distinta” que la haga aprehensible, condición aplicable a la sociedad, al amor, a la educación y a la modernidad. Ya los límites no son claros y lo relacional se esfuma en un montón de likes o en un grupúsculo de seguidores. El logos, entendido como razón que media entre los términos relacionales en la sociedad, es decir, entre las personas, ha cambiado, ha mutado desde la creación de vínculos en la comunidad como punto de encuentro con el “otro”, a la construcción de un individualismo no dialogante creador de “marcas personales”, imperio del narcisismo.

El logos, término de múltiples significados, utilizado por primera vez por Heráclito de Éfeso, “El Oscuro”, en el siglo V a.C., es la razón, es el tercer punto que articula los términos, es el verbum, es la palabra que vincula las partes en cualquier estructura, entregándole una nueva dimensión, enriqueciendo la conjunción de los opuestos, otorgándole belleza de una realidad significativa y significada.

¿Y qué articula a la Medicina, como ciencia y arte de cuidar y acompañar a la persona que sufre? ¿Cuál es su logos? Y este logos, ¿se habrá sumado a la pérdida de sentido?, ¿se habrá adherido a ese nihilismo-ambiente? Es necesario cultivar y promover la intersubjetividad entre el o la médico(a) y el o la paciente, ese logos primigenio, llegar a la empatía necesaria para hacer y hacerse con el cuidado del “otro”. Transformarse en un “Cireneo”, cargando la cruz tan pesada de aquel que padece enfermedad.  Un “otro” que no debe ser tratado como cliente, sino como un igual que sufre, que padece dada nuestra naturaleza espiritual, material y temporal.

De ahí que se haga tan claro hoy el Ubuntu, término africano que significa “yo soy porque nosotros somos”. Esto no es un discurso, no es una propuesta de buenas intenciones. Es un acto diario, mediado por la voluntad, que todo agente sanitario debe encarnar en su práctica laboral para ser ejemplo (ya que la mejor forma de enseñar es el ejemplo) a las nuevas generaciones que se hacen de este arte-ciencia y que les corresponde formarse en esta época de incertidumbres y de mentiras disfrazadas de verdades que distorsionan la realidad. Debemos crear una nueva fenomenología médica que le dé “voz” al que sufre, que propugne como dice el fallecido neurobiólogo chileno, Francisco Varela, el “poder constitutivo de la empatía”. Un reencantamiento de la vida espiritual y utilizando una frase Husserliana, el imperativo de “volver a las cosas mismas”, volver al logos primigenio de la relación médica(o)- paciente, que es el amor al prójimo.

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