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Opinión

La posibilidad de un acuerdo siempre está


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel Presidente de la AFDEM Los Ángeles
Prof. Juan Manuel Bustamante Michel Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Que la autoridad edilicia ha propuesto y defendido la tesis de un no retorno a clases presenciales durante el segundo semestre de este año, de eso, qué duda cabe. De ello dan cuenta tanto las redes sociales, como los medios de comunicación en las / os que se ha manifestado en tal sentido, no habiendo otro derrotero por nuestro lado – nobleza obliga, eso es de suyo cierto – que reconocerlo y respaldarlo públicamente como lo hemos hecho en nuestros espacios de intervención gremial, toda vez que es coincidente con lo que ha sido desde el inicio de la pandemia y su consecuencia sistémica (que es el cambio de la modalidad presencial de enseñanza a la modalidad remota) la postura de la AFDEM Los Ángeles en el sentido de que antes que todo debe privilegiarse la salud y la vida de los actores educativos que concurren a los centros de enseñanza por demandas educativas, los unos, y ofertas del mismo orden, los otros (aprendientes, apoderados y guardadores y enseñantes y asistentes de la educación).

El contrapunto, sin embargo, ha estado en que estos necesarios acercamientos, abuenamientos, encuentros y trabajos mancomunados que deberían haberse dado de manera permanente entre las autoridades y la AFDEM Los Ángeles no siempre han sido tales por las legítimas diferencias tanto de forma como de fondo que se han expresado por ambas partes respecto de la búsqueda de soluciones para cada una de las situaciones emergentes que como en todo sistema social formal – hasta incluso en los informales – suelen hacerse presentes de manera indeseada, las cuales se complejizan aún más cuando no se responde a los requerimientos de una organización como la nuestra, máxime si se trata de una asociación de funcionarios públicos que en calidad tal se ocupa de resguardar los derechos laborales y fundamentales de sus asociados. Recuérdese nada más que la AFDEM (Asociación de Funcionarios Docentes de la Educación Municipal) aglutina a profesores colegiados, a profesores no colegiados (que son la mayoría del Sistema Comunal de Educación de Los Ángeles) y a otros profesionales que sin ser profesores imparten docencia en algunos colegios del ámbito público, tornándola en una organización gremial amplia, diversa e inclusiva.

Desde luego, han confabulado en contra de estas posibilidades de acercamiento, abuenamiento, encuentro y trabajo mancomunado con las autoridades algunas prácticas – antisindicales, a nuestro juicio – como:   innecesarias dilaciones en la entrega de información oficial y pública o negación de la misma, sistemático entorpecimiento para un acceso expedito  a las autoridades de que se trate, silencio y omisión de respuestas a documentación oficial presentada en distintos niveles sistémicos, incumplimiento de acuerdos adoptados en pro de nuestros mandantes o reacción tardía para su concreción definitiva en beneficio de éstos y falta de igualdad de trato en el contexto de otras organizaciones que tienen expresión interna y externa en la educación pública angelina; hechos, cada uno de los mismos, que constituyen un craso y lamentable error, habida consideración de que nuestra AFDEM llegó para quedarse sin duda alguna.

En el actual contexto que afecta al país y particularmente en el plano del último encuentro sostenido con las autoridades edilicia y de educación, un remozado sentido de la participación – un borrón y cuenta nueva, un dar vuelta la página, un mirar hacia adelante olvidando el pasado (eso fue lo que escuché) – tuvo expresión para satisfacción de todos, puesto que ya no se trató de ser simples buzones encargados de recibir y transmitir información a unos representados y de llevar a cabo algunos intercambios sociales asimétrico contingentes frente a los cuales nuestros argumentos (todos justos y conforme a derecho) terminaban estrellándose ante las facultades (eso es verdad) con las que cuentan las autoridades en un modelo de municipio ideado para otros contextos históricos ya superados a partir de los años noventa del siglo pasado, puesto que el referido encuentro, efectivamente, constituyó un acto de buena voluntad y buena fe donde lo importante y trascendente, fue escuchar (en el sentido profundo del término) a los convocados y hacerse cargo de sus presentaciones no obstante las naturales diferencias existentes entre vecinos y ediles, entre ciudadanos y autoridades, entre empleados y empleadores, hecho que desde el sinceramiento y la generación de masa crítica – una inteligencia colectiva, al cabo – permitió la búsqueda y adopción de acuerdos que por un lado no significara pedir lo imposible y al margen de la ley ni, por otro, caer en un notable abandono de deberes, que es el equivocado camino por el que han optado algunas personalidades que han confundido el sentido del poder.

Desde luego, el sólo hecho que las autoridades hayan tomado nota de  los impactos y costos sociales, materiales, económicos y psicolaborales que han afectado a los docentes a causa de la enseñanza remota dados a conocer por la AFDEM en por lo menos cuatro oportunidades – lo mismo que en las redes sociales, foros telemáticos y la prensa hablada y escrita como en esta oportunidad (por obra y gracia de la presente columna) –, es motivo más que suficiente para estar tranquilos porque junto con hacerse cargo de un compromiso social efectivo de la educación en el sentido de atender en la mejor forma posible las necesidades de los educandos más vulnerables, se ha garantizado la salud y la vida de las personas disponiendo medidas razonables, equilibradas y justas, de modo que quienes deban cumplir turnos laborales para mantener abiertos los establecimientos educacionales, lo hagan sintiéndose plenamente seguros de no contagiarse y que quienes no puedan concurrir a ellos, lo hagan desde la seguridad de sus hogares.

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