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Opinión

La tarea de modernizar los trámites funerarios tras la pandemia


 Por Wilfredo Flores, Supervisor de funeraria Inmemoria.

Wilfredo Flores Inmemoria (3)

En la última semana se ha visto un retroceso de un 19% de los nuevos casos de contagio por coronavirus en el país, según cifras oficiales, sin embargo, el número de muertos mantiene su curva ascendente alcanzando más de 8 mil víctimas. Esto claramente ejerce presión sobre la eficiencia del Registro Civil a la hora de tramitar oportunamente los certificados de defunción.

Tan importante es también avanzar con rapidez en una mayor digitalización de este servicio público tan clave en tiempos de pandemia, pues aún son muchos los trámites que deben hacerse de forma presencial, modalidad que expone la salud de los usuarios a la enfermedad.

Dicha idea gira en torno a un enfoque progresista, pues se ha vuelto urgente el uso de nuevas prácticas que permitan el distanciamiento social, al tiempo que estos procesos se realicen de forma exitosa.

La problemática actual está en la aglomeración de personas tanto en el Registro Civil como en notarías y en el retardo de los procesos de inscripción de defunción, específicamente. Si bien se impide el ingreso de forma masiva la política de atención no toma en cuenta que los usuarios de igual manera se aglomeran afuera de las instalaciones. A lo anterior se suma que, por desconocimiento o descuido a veces no se respeta la distancia de metro y medio en las filas, situación que claramente es una amenaza de propagación.

La obtención de certificados de defunción se hace de manera presencial y a la vez impone esperar horas antes de ser atendido. Esto, porque allí confluye la gestión de otros trámites muy necesarios cuando fallece una persona que por ejemplo ha dejado herencia a sus familiares. Puntualmente, el proceso de inscripción se puede demorar mínimo siete minutos por defunción, ya que es un asunto engorroso y claramente ello alarga los tiempos, siendo que justamente en pandemia la atención de trámites tendría que ser mucho más ágil si el afán es prevenir nuevos casos.

De cara a esta problemática una alternativa muy viable es el uso de las plataformas digitales que permitan realizar la inscripción del fallecido, así como autorizaciones de cremación de forma remota, con clave única para validar la identidad del usuario y adjuntando en PDF los documentos requeridos por la institución, entre ellos, el certificado médico de defunción, carnet de identidad, resolución de traslados u otro según algunos casos atípicos.

Naturalmente, esta idea no pasa por dejar sin empleo a funcionarios del Registro Civil que realizan este proceso, sino más bien una adaptación de las tareas. Es decir, del otro lado del computador habrá un grupo de empleados públicos que evaluará la documentación adjuntada y emitirá la autorización de sepultura digital. Entendiendo que quizá por seguridad y resguardo de información los empleados no puedan llevar el trabajo a sus casas, tendrían entonces que continuar asistiendo a las oficinas del Registro Civil y desde allí, en el mismo horario en que hoy trabajan, realizar estos procedimientos online.

Otra alternativa sería crear un usuario y clave para las funerarias de manera tal que éstas y solo éstas puedan hacer dicha solicitud a través de la plataforma remota, usando como metodología las antes mencionadas.

Es necesario tomar muchas más medidas excepcionales producto de la pandemia que permitan agilizar los trámites de sepultación o cremación y para ello será fundamental profundizar en su transformación digital.

Las alternativas antes mencionadas se manifiestan en este momento de pandemia, pero bien pueden prolongarse a través del tiempo y volverse una práctica más efectiva. Lo importante es seguir consolidando la modernización y automatización de los procesos, posibilidad que nos apremia como actores de la industria funeraria.

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