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Opinión

De empatía y violencia


 Por Camila Mora V., Doctora (c) Ingeniería Química, Consejera Regional Evópoli

Camila Mora V

Lo ocurrido hace una semana con Martín Pradenas, acusado de haber violado a Antonia Barra, no ha dejado indiferente a nadie. Es que esta historia hace 10 años no habría pasado de ser un reportaje en algún noticiero, donde muchos en sus casas habrían comentado que ella se lo buscó. Hoy, en 2020 ya no hay excusas para los violadores, y es que hemos tomado conciencia de que no nos buscamos el abuso.

La fuerza de la respuesta social es el fruto del trabajo de muchas mujeres que con valentía han contado sus historias, han desvelado sus miedos y han abierto la caja de pandora que revela los secretos que guardamos las mujeres. Hace ya algunos años los casos de femicidio y abuso sexual no quedan solo en el titular, poco a poco las mujeres han empezado a contar sus historias en redes sociales inspiradas por el dolor y la impotencia. Así, amigas, conocidas y desconocidas demuestran que los casos fatales no son el resultado de violencia aislada, sino que es la punta del iceberg de lo que vive nuestro género. Todas, en más de alguna oportunidad, nos hemos enfrentado a algún hombre que invadió nuestro espacio haciéndonos sentir incomodas, o nos dijeron algo en la calle, que lejos de levantarnos el ego, nos obligó a mirar al suelo avergonzadas por ser nosotras mismas. Algunas con menor suerte han sufrido tocaciones indebidas sin que ellas lo hubiesen buscado, y no pocas han sido ultrajadas. El silencio de una falsa culpa nos acompañó durante muchos años, y es que solo la conciencia social ha logrado hacernos entender que esas historias no son nuestra culpa.

La sociedad normalizó conductas inadecuadas hasta que incluso nuestras madres dijeron: pero si es solo un piropo. Y es que muchos no entienden que el respeto parte por el vocabulario. El lenguaje soez y las descalificaciones son el primer paso de la violencia que, poco a poco, construye la realidad de muchas mujeres.

A Antonia la juzgó su ex pareja, invalidando su relato y su dolor, a las mujeres que sufren violencia su entorno las abandona, las culpa por aguantar y subestima su inteligencia por “aceptar el maltrato”. Un estudio demuestra que mientras más alto el nivel académico de una mujer, más tiempo le toma separarse de su agresor. El problema no es la capacidad intelectual, sino la falta de apoyo del círculo cercano.

Hoy no nos quedamos calladas con la libertad de Martín, tampoco juzgamos a Antonia, hoy buscamos hacer justicia y crear conciencia de que nuestra libertad, seguridad e integridad no tiene como límite los instintos animales de hombres incivilizados.

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