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Opinión

Sólo sé que ha sido escandaloso


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Cuando se instalaron las AFPs en Chile junto a sus hermanas las isapres – cuya justificación hoy en día, por sus magros resultados, representaría publicidad engañosa para los clientes cotizantes, atendido lo establecido en la Ley de Protección al Consumidor y vista la condición de instituciones con fines de lucro de éstas -, se nos dijo a los chilenos, con el engaño a flor de piel, que al cabo de 30 años de cotizaciones ininterrumpidas nos jubilaríamos con a lo menos el 80 %  promedio de nuestras diez últimas rentas; antecedentes que fueron corregidos con posterioridad cuando se nos informó que en realidad jubilaríamos – esto al 2020 – con el 100 % promedio de nuestros diez últimos sueldos de trabajadores activos, constituyéndose en el mayor engaño histórico que alguna vez se haya presentado a los trabajadores con el supuesto de “garantizarles el mejor pasar posible durante su vejez”.

Dicho lo anterior, bueno es tener en cuenta: 1) que el total de fondos previsionales administrados en la actualidad por las AFPs alcanza a los US$ 200.000 millones (equivalente al 80 % del PIB nacional), representando un poder económico (tres veces más grande que la riqueza de Bill Gates y veinte veces más que lo del mayor potentado chileno) que “opacaría al personaje más rico entre los ricos del mundo” en la eventualidad de que dichos dineros fueran administrados concentradamente por sus propios dueños; 2) que el 55 % de los mencionados recursos son “trabajados” por los grandes grupos económicos con sus empresas productivas, la banca, la salud privada y las cadenas del retail; 3) que el 45 % de los mismos se invierten en el extranjero sin que medie, como en Chile, autorización o participación alguna de los cotizantes y propietarios de tales recursos; y 4) que, a diferencia de lo que sucede en el resto del mundo, especialmente en aquellos países con los cuales nos gusta tanto compararnos (donde los sistemas de seguridad social son sin fines de lucro), las AFPs son una industria destinada a ganar dinero a costa de los ahorros o capitalización individual de los trabajadores.

bien, teniendo en cuenta que desde hace tiempo tenemos plena conciencia de que son los trabajadores los que financian la actividad privada en Chile y alguna en el extranjero, ¿qué deberíamos entender cuando una autoridad de las más altas esferas de la administración del Estado señaló que si se aprobaba el retiro del 10 % de los fondos de pensiones acumulados por los trabajadores en las AFPs era probable que los funcionarios públicos vieran peligrar la continuidad de sus remuneraciones y cuando otra, a propósito de la misma situación, indicara que se ponía en riesgo la concreción de los planes de emergencia elaborados como consecuencia de la pandemia que nos ha afectado todo este tiempo? La respuesta que había de venir no podía ser más simple: “junto con financiar las actividades de los grandes consorcios económicos, los trabajadores de este país (desde los de menores ingresos a los más pudientes), con sus ahorros previsionales, con ese dinero que es de su total y entera propiedad, financian al Estado”.

¿Y cómo debería entenderse, al final, que mientras las AFPs se reparten cuantiosas y escandalosas utilidades – para mi gusto, vergonzosas y contrarias a toda norma ética y moral social -, los trabajadores deban repartirse pérdidas y frustraciones, al cabo que los jubilados, pensiones miserables hasta el término de sus días? ¿No debería colegirse que éste es un sistema anti trabajadores que no ha tenido otra finalidad que aumentar la riqueza en los menos y limitar los ingresos en los más, mismo que fue curiosamente perfeccionado en idéntico sentido por los gobiernos democráticos por medio del Decreto 734 / 1994 y de las Leyes 18.137 / 1999, 19.795 / 2002, 20.255 / 2008 y 20.552 / 2011 desde los años noventa a la fecha? ¿No fue Juan Pablo II quien aseveró que el modelo neoliberal (al que obedecen las AFPs) era intrínsecamente perverso? Por cierto, las respuestas son enteramente suyas y sólo suyas.

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