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Opinión

El gran escape


 Por José Luis Trevia – Investigador Fundación para el Progreso.

Jose Luis Trevia

El remezón económico que se está produciendo a consecuencia del coronavirus tenderá a rebarajar el naipe de la discusión pública.  El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de mayo marcó un descenso en caída libre de -15.3% y el desempleo registra un promedio trimestral de 11.2% -la región del Biobío un 10.2%, intentando resistir la oleada del virus-. Por ello, en vez de distribución habrá que hablar de crecimiento, porque allí donde se hablaba únicamente de desigualdad aparecerá en la conversación la pobreza y de paso la cesantía. No hay que olvidar sumar a los más de 300 mil desempleados producto de la inusitada violencia que nos asoló desde octubre hasta antes del virus.

Para hacer frente a este gran desafío el país tendrá que poner el acento en sortear lo más pronto posible la pandemia y luego buscar recuperar un crecimiento robusto que permita la creación de empleos. En esto la oposición se encuentra particularmente en deuda, chuteando la pelota al córner y postergando esta discusión constantemente. Solo han estado disponibles para generar mayores gastos estatales, que en el contexto transitorio de una emergencia encuentra justificación, pero para salir de este último habrá que ir más allá.

“El gran escape” es el nombre de una película de los 60’, protagonizada por el célebre Steve McQueen y que relata como algunos hombres escapan del campo de prisioneros de guerra de máxima seguridad de los alemanes en la segunda guerra mundial. Angus Deaton, premio nobel de economía del 2015, toma esta figura del escape de los prisioneros de guerra, para retratar como la humanidad ha dejado atrás la pobreza y la muerte. El gran escape nos dirige hacia el bienestar, entendido según el economista como “todas las cosas buenas para una persona, que hacen que la vida sea buena. El bienestar incluye el bienestar material, tal como el ingreso y la riqueza, el bienestar físico y psicológico, representado por la salud y la felicidad, la educación y la capacidad de participar en la sociedad civil a través de la democracia y el imperio de la ley”, pero para que esto sea posible agrega Deaton “el crecimiento económico es el motor del escape de la pobreza y de la carencia material”. Por tanto, recuperar el dinamismo, fomentar la inversión, mantenernos y profundizar nuestra apertura al comercio global, serán cruciales para encender los motores del crecimiento.

No olvidemos que Chile es un país que vivió una gran transformación y que hoy se encuentra representado por más de un 60% de grupos medios que hasta anteayer pertenecían a grupos de escasos recursos. El pavor radica en volver al lugar que con esfuerzo se dejó atrás, precarizando la vida y las oportunidades de ésta. Pienso que gobierno y, hago énfasis en la oposición, deben repensar una estrategia sólida que posibilite un crecimiento que, al menos, logre aminorar los efectos de la pandemia y rápidamente comenzar a cavar aquellos agujeros que permiten escapar de la prisión de las carencias y la pobreza. La virtud también está en que quienes logren cavar los túneles, luego no los tapen, en esta tarea -al igual que en nuestro país- nadie sobra.

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