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Opinión

Kelluwün


 Por Pilar Galilea Presidenta Fundación Lepe

Pilar Galilea retrato

Vergüenza me da tener que escribir en castellano el día de hoy. Esperanza siento al pensar que los que vengan después de mí quizás no tendrán que hacerlo. Convicción y fuerza habrá que sostener entre todos para que así sea.

Porque lo primero que recuerdo en este día, es lo urgente que se hace recomponer el saber y la memoria colectiva frente al peligro de perder una pieza tan fundamental de la identidad de nuestro territorio. Revisitar las enormes fisuras causadas por una parte dominante de la sociedad que ha pretendido hacerla parecer monocultural desde hace siglos, e invisibilizar el profundo valor y la diversidad cultural de los pueblos originarios que lo han habitado.

Pienso en lo importante que es recuperar, por ejemplo, el modelo educativo mapuche. Que se centra en la experiencia -en el Kimkantun- ese aprender haciendo con las manos metidas en la tierra, con el cuerpo, con la voz, con todas las generaciones intercambiando conocimientos en una misma ruca. Viviendo juntos de manera mucho más sana, cooperativa y sostenible.

Amando la tierra y el barro, diría doña Dominga Neculmán, gran maestra alfarera y verdadero tesoro humano vivo. Honrando el oficio como un espacio de sanación en dimensiones físicas, espirituales, culturales, relacionales, económicas y de conexión con la naturaleza. Porque probablemente para ella todos esos elementos están mucho más unidos entre sí, desde siempre integrados a la vida cotidiana.

Cuando el mapuzungún aún parece ser sólo un instrumento formal que se aplica a cuotas en muchas escuelas, recuerdo que para las comunidades mapuche la lengua es en sí misma portadora de saberes, un lugar donde el ritual y la forma de habitar de esa cultura se transforman en habla. Por eso es tan urgente defenderla y evitar que se apague ese sonido. Kelluwün, me explicaba la profesora Ana

Ñanculef. Reciprocidad. En una sola palabra se encarna el vínculo de toda una comunidad que vive en permanente colaboración. Tal vez el Ayni de los pueblos andinos, donde se honra la abundancia y se entiende en plena confianza que mientras más das y más cuidas, todos reciben.

Hoy más que nunca es momento de habilitar el Somos, de activar ese lazo y apoyo colectivo, de mantener la mirada puesta en los otros y de cuidar la vida de todos para salir de ésta. Ojalá muy cambiados. Ojalá mucho más cerca de nuestra humanidad y poniendo siempre al centro el bien común.

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