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Opinión

Dos Chiles


 Por Victoria Abarzúa, Presidenta regional de Evópoli Biobío

Victoria Abarzúa Presidenta regional de Evópoli Biobío
Victoria Abarzúa Presidenta regional de Evópoli Biobío

A la hora de hablar de educación en tiempos de pandemia, tenemos tantos escenarios como niños en Chile.

Cada uno de estos escenarios tiene tantas aristas, que es difícil resumirlas en unas líneas considerando que cada niño, cada familia, es una realidad distinta, pero en todos los supuestos vamos a necesitar adaptarnos nosotros los padres, los profesores, los programas, las salas de clases y los niños.

Hoy más que nunca vemos los dos Chiles, claritos. Uno en donde la mayor preocupación puede ser el aburrimiento de estar en una casa grande y que nuestros niños salgan solo al patio, y otro en donde el único patio disponible es la misma calle o con suerte la plaza, y la preocupación es con qué plata se compra el pan.

Quizás suena crudo, quizás suena exagerado, pero es sumamente real. Evidentemente no tengo la respuesta a la eliminación de la brecha, de hecho, las diferencias no son el real problema, el problema real es la causa de esa diferencia. Si tuviéramos igualdad en los niños, la desigualdad en los adultos se justificaría porque tendría como único fundamento la falta de interés, mas no de oportunidades. Claramente estamos muy lejos de ello considerando que hay muchas localidades sin acceso a internet, y si les damos el acceso, luego tienen un analfabetismo digital tan grande, que tampoco resolvemos el problema de raíz. Sin mencionar las familias con tres o cuatro niños que solo cuentan con un computador, debiendo todos asistir a clases online.

Aún no sabemos las consecuencias en nuestros niños de todo esto, convivir día y noche con ellos encerrados en una vivienda de 30 metros cuadrados, sin patio ni mayor privacidad, será sin duda un duro golpe para una parte muy importante de esa generación.

Ignacio Briones, ministro de Hacienda, adelantó la discusión del presupuesto nacional anunciando un presupuesto de base cero, esto significa repensar estructuralmente la manera en que el Estado gasta cada peso que generamos los contribuyentes, no para construir primero el techo de la casa, como se hizo con la gratuidad universitaria, sino para poner de una vez por todas primero en la fila a los que más lo necesitan, aunque no marchen.

¿Quién diría que después del estallido social se iba a abrir forzadamente una verdadera oportunidad de replantearnos todo?

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