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Opinión

“Familia como útero espiritual”


 Por Montserrat Martín, Instituto Berit de la Familia Esther Gómez, DNFI

Montserrat Martín, Instituto Berit de la Familia
Esther Gómez, DNFI

 La noticia de la cuarentena ampliada no nos pilla totalmente de sorpresa, aunque sí que su aplicación caiga en el día de la Familia. En principio, cuarentena y familia, no tienen nada ver, pero las circunstancias actuales las presentan unidas y quizás sea un acierto su coincidencia. Pues la cuarentena se traduce en quedarnos en casa y en confrontarnos con quienes en ella estamos conformando la familia. Puede ser por eso una ocasión privilegiada para mirarla con atención en su día para lo que es interesante un paralelismo a partir de una audaz expresión de Santo Tomás de Aquino al describir la “familia como un útero espiritual”. Sí, útero espiritual.

Es bella la metáfora. Conocemos la belleza del proceso de crecimiento, de cuidado, alimentación y de preparación para la vida exterior de cada nuevo ser vivo en el seno de su madre, en su útero materno. Si aplicamos esta imagen a la familia como útero no material sino espiritual, puede orientar lo que queremos vivir en su seno. La aplicación inmediata nos remite a ese espacio vital donde se quiere a cada uno por lo que es, se nos ayuda a crecer, se nos acoge y alimenta -no sólo física sino sobre todo humana y espiritualmente- y también se nos prepara para el mundo exterior, a la vida fuera del útero, por el hecho de que la familia no retiene a sus miembros para sí sino que es una comunidad abierta a otras comunidades. Pero creo que sólo donde cada miembro de la familia es protagonista porque contribuye a su misión, se puede vivenciar realmente como un útero espiritual, porque contribuye al bien de cada persona y de la sociedad. Si es así, entonces es también “escuela para la vida” y para la convivencia, porque es a su vez “escuela para el amor”. Pero, y aquí me auto cuestiono, cómo contribuyo yo a generar ese ambiente que a todos nos ayude a crecer.

Celebrar la familia ha de ir más allá, a impulsarla a que cumpla su verdadera misión de escuela de la vida, más que nunca en estos tiempos de cuarentena, y para valorarla, abrillantarla y corregir lo que haya que corregir, pues es responsabilidad de todos. 

Montserrat Martín, Instituto Berit de la Familia

Esther Gómez, DNFI

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