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Opinión

Lo remoto de la enseñanza remota


 Por La Tribuna

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Prof. Juan Manuel Bustamante Michel
Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Como lo hemos sostenido en una oportunidad anterior, la enseñanza remota es aquella que resuelve –por encontrarse los actores educativos en espacios físicos distintos– la ausencia de una relación cara a cara entre enseñantes y aprendientes, sea que tal situación se obligue tanto por las características geográficas de un territorio como por  factores climáticos adversos, razones de trabajo (en el evento de que se trate de educación escolar de adultos para la regularización o completación de estudios, de formación técnica y profesional de este orden o de capacitación del ámbito que sea, simplemente) u otros de carácter emergente como la pandemia generada por el coronavirus o COVID-19.

Esta modalidad de enseñanza, en la que profesores y  estudiantes se encuentran e interaccionan en una suerte de burbuja virtual, se caracteriza, entre otras cosas, por lo siguiente: 1) precisa de inicio de procesos y procedimientos de inducción en pro de hacer accesible la modalidad a los incumbentes interactuantes, es decir, tanto a enseñantes como aprendientes; 2) favorece el aprendizaje autónomo en los demandantes de educación, cuya calidad, profundidad y permanencia –más allá de los aportes docentes– va a depender, qué duda cabe, de las capacidades y aspectos diferenciales de cada uno de los educandos que forman parte de un nivel, sistema, centro de enseñanza y grado escolar determinado; 3) requiere de la utilización de medios electrónicos indispensables al efecto (equipos o sistemas que permiten producir, almacenar o transmitir documentos, datos e informaciones a través de la utilización de redes de comunicación abiertas o restringidas como internet, telefonía fija o móvil u otras concurrentes), al cabo que 4) exige la tenencia de tutorías docentes destinadas a la atención de consultas, a la resolución de dudas y a la provisión de  orientaciones, según las necesidades de los aprendientes.

En el mismo sentido, la educación a distancia o enseñanza remota: 5) permite flexibilidad horaria en los concurrentes, de modo que oferentes y demandantes de educación se acomoden según su propia realidad en pos de los objetivos y propósitos que los motivan; 6) hace posible una comunicación bidireccional directa o indirecta para la concreción del acto educativo por coincidencias o diferencias temporales entre profesores y estudiantes; 7) permite la optimización del tiempo entre los unos y los otros, de modo que a partir de intervenciones pedagógicas mínimas se produzcan aprendizajes máximos en los interesados; 8) es de  alcance masivo, toda vez que –como ha quedado demostrado en la práctica– puede alcanzar niveles comunales, provinciales, regionales, nacionales, incluso internacionales, como sucede con la educación terciaria o superior, así como 9) necesita de procesos y procedimientos de evaluación integrales e integrados (heterónomos, autónomos y coparticipativos) que den cuenta de los aprendizajes conceptuales, procedurales y actitudinales obtenidos por los educandos de que se trate.

Ahora bien, si nos hacemos cargo de las complejidades propias y naturales del acto educativo y las contenidas en las distintas dimensiones que contempla, más todas aquellas que se deducen de cada una de las características de la tele educación aquí vertidas, era más que evidente que los sistemas comunales de educación –incluido el nuestro– no iban a estar a la altura del problema que nos afecta al carecer de una estructura técnico pedagógica mínima integrada  por especialistas en currículo, didáctica, investigación, orientación educacional y educación virtual que asistieran a los docentes para un mejor atender en esta modalidad de enseñanza a sus educandos, dejando a la vista lo remoto de la enseñanza remota para los sectores más vulnerables de la población escolar con esta educación de castas que tenemos.

Especial Coronavirus

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