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Opinión

Llueve sobre mojado


 Por La Tribuna

rbt Jose Luis Trevia
Investigador Fundación para el Progreso.

Biobío está al acecho debido al coronavirus (Covid-19) que ha asolado a la región y el mundo. “Llueve sobre mojado” cantarían Joaquín Sabina y Fito Paéz en alguna radio de San Pedro de la Paz, Concepción, Nacimiento, Laja o de la provincia del Biobío. Allí se han radicado las presurosas alzas de casos de contagios del virus y amenaza, a ratos, un avance sin cuartel de éste. Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo esta enfermedad en el mundo, hemos logrado aprender algunas lecciones respecto a ella. No todo está perdido y la implementación de estos aprendizajes, en buena parte o medida, dependen de un grano de arena tan minúsculo que muchos se resisten a creer que pueden aportar en algo. Mantener la distancia de dos metros, lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón, salir exclusivamente a lo imprescindible, no exponerse al contacto con otros, etc., todo ello marca una diferencia sustancial.

Pues bien, habrá que poner la pelota en el piso y no dejar que el pánico inunde el sentir de la población. Ha sido la propia radio Biobío la que ha difundido una comparativa, basada en los datos del ministerio de salubridad español y nuestro Minsal, en que nos hemos apartado del ascenso de los casos hispanos. Todavía es muy temprano para cantar una victoria o eludir por completo la perjudicial situación de la madre patria, pero nos da una luz de esperanza. Aferrarse a la colaboración, el autocuidado, la responsabilidad individual y la consciencia plena respecto del fenómeno que enfrentamos, resulta un imperativo en los tiempos que corren. Éstas son las buenas prácticas que harán la diferencia el día de mañana y que salvarán vidas en nuestro país. No debemos solo depender de las disposiciones que la autoridad sanitaria señale, sino que tomar carta en el asunto desde nuestra esfera individual, expandiéndolo a nuestros círculos en la sociedad compleja que habitamos, se vuelve un crucial apoyo en la cruzada por frenar la pandemia.

El discurso de que nada de lo que hagamos podrá detener la vorágine de la epidemia, es solo un ensimismamiento absurdo que carece de toda lógica y razón. Por el contrario, debiésemos girar a que la sociedad civil- ese espacio social, político, cultural y económico del cual habla el economista y filósofo francés Guy Sorman- tome postura activamente, en ella la asociatividad entre las personas logra resultados y da muestra de vigor. No se requiere de una dictadura de partido único (como ha sido China, el país donde empezó todo esto), que imponga decisiones- y que probablemente salte por sobre cualquier derecho humano de sus ciudadanos- para adoptar un compromiso férreo con detener el avance del Covid-19. Un ejemplo ha sido Corea del Sur, país democrático y lejos de ser centralizador, ha dado cátedra en el comportamiento de sus ciudadanos- tanto con acatar formas de evitar los contagios, como también la asociación de personas para ayudar a adultos mayores- y en la colaboración de éstos. 

Así las cosas, la actitud del ciudadano de a pie en la región del Biobío resultará crucial para aplanar la curva de contagios. Dejar de lado el discurso que considera exagerado tomar las más finas precauciones y criticar a los irresponsables que aún frecuentan reuniones con personas, poniendo en riesgo a la población. No es tiempo de mezquindad ni de división, es momento de cerrar filas detrás de la responsabilidad individual y la asociatividad, un empoderamiento ciudadano que actúe como escudo ante el oleaje de fake news, falta de criterio y pesimismo exacerbado. De seguir esa senda, habrá luz al final del túnel, como tantas veces nuestro país la ha encontrado tras una catástrofe.

Especial Coronavirus

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