jueves 09 de abril, 2020

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Opinión

El coronavirus y la condición humana


 Por La Tribuna

Salvador Lanas Hidalgo
Académico de Universidad San Sebastián

Saint Exupery sostiene en Ciudadela, que “el dolor de uno, es el dolor del mundo”. El virus que asuela el planeta ha mostrado la condición humana en sus múltiples facetas. Uno de los primeros aspectos que denota, es que todo lo que hagamos de manera individual afecta a un cercano o a un lejano. El bien, el mal y cada uno de los matices de uno u otro, nos repercute y se expande de modo semejante al virus. Tiene razón Huidobro, cuando dice que estamos cosidos a una misma estrella y que en vano tratamos de evadirnos. En el alma de nuestra cultura está alojado el sentimiento de que pertenecemos a un destino común.

Ese sentido de pertenencia se diluye en los tiempos buenos; sin embargo, la crisis, el drama y la tragedia nos grafican de manera ostensible el lazo inseparable que nos une. Yerran aquéllos que piensan que en la actualidad podemos construir una sociedad sólo con una élite y sin el concurso y el compromiso de cada miembro que la compone. Y en esta crisis mundial se saldrá con liderazgo y conducción sólida. Cada país tiene su propio dinamismo. Pero, es un axioma que salimos de este mal de manera comunitaria.

Esta reflexión la hacemos iluminados por el quehacer universitario y su pensamiento. Y desde la racionalidad, el diálogo y la construcción de ideas que supone el oficio universitario, decimos que hoy es el tiempo del sentido común y de una virtud mayor que es la prudencia. En esta hora difícil urge esta virtud capital en todos quienes componemos la comunidad nacional, pero de modo decisivo e inescapable de quienes dirigen el país.

La prudencia en nuestra tradición tiene ocho partes integrales y todas ellas deben estar presente en esta encrucijada. Pero no podemos perdernos en puras disquisiciones. Es la hora de la verdad para quienes dirigen el país. Por mandato ciudadano tienen la obligación de velar por el bien común; todo el aparato estatal y los órganos administrativos que lo componen, están al servicio de ese bien común. Es un imperativo ético agudizar la inteligencia y fortalecer la voluntad para que las decisiones que se tomen sean las pertinentes a los urgentes requerimientos que exige la crisis actual.

 A no equivocarse, quien debe tomar las decisiones es el poder político y la prudencia aconseja asesorarse por expertos en todos los ámbitos y hoy en especial de los que manejan la salud, pero la decisión siempre es política (en su sentido más real y noble). Un ejemplo que grafica adecuadamente este aserto es la decisión que tomó el Ejecutivo cuando suspendió las clases; los expertos aconsejaban esperar y los alcaldes (cercanos a la espiral política) proponían cerrar los colegios.

¿Y qué debiera suceder ahora? Que el gobierno asuma todo el poder en tiempos de crisis que le otorgan la Constitución, las leyes y el pueblo. En concreto: que asuma el control de toda la salud, pública y privada. Que se haga cargo de todos los servicios básicos; de la industria, el comercio y los medios de producción; de la energía y de la defensa nacional; en fin, de todo el territorio nacional y sus vías terrestre, marítima y aérea.

¿Y el resto de las instituciones y las personas? A seguir el liderazgo. Por eso es tan importante asumir la conducción con sentido de Estado, sin protagonismo individual o ideológico. Está de por medio la vida de personas y el destino del país. Es la hora de la Providencia natural y de la Providencia trascendente, porque está en el corazón de la cultura de los chilenos. Y es la hora de la solidaridad, sobre todo con los más sensibles. Es la hora de la conducta colaborativa y altruista.  Es la hora de demostrar que podemos ser un mejor país y que estamos a la altura de esta encrucijada.

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