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Opinión

¿Quiénes son, realmente, “los mejores”?


 Por La Tribuna

Marisol Alarcón – CPO y fundadora Laboratoria Chile

A muchos jóvenes entre los 13-15 años se les dice que la PSU es la prueba más importante de sus vidas, ya que tiene el poder de definir su futuro. ¿Cómo? Evaluándolos. Probando si son lo suficientemente capaces o no para entrar a ciertas carreras y ciertas universidades; y esto a su vez prácticamente definirá el desenlace de su vida.

Ya se ha dicho mucho sobre su poca efectividad en medir lo importante y como muchas medidas de nuestro país, suele dejar a aquellos con menos oportunidades atrás porque estudiaron en un colegio que no los preparaba o los preparaba mal para esta prueba, en comparación a los y las estudiantes que acceden a colegios privados de calidad y, además a preuniversitarios. Todos estamos en cuenta de que este tema es parte de la agenda nacional y que tiene grandes probabilidades de cambiar, especialmente luego de la propuesta realizada por Demre durante enero.

Lo que me gustaría recalcar aquí son los parámetros de excelencia y de ser “los mejores” que han formado el sistema actual de educación y del trabajo: si sueño con trabajar en cierto tipo de trabajo de joven, tengo que esforzarme por demostrar que soy “el mejor”, quedar en la “mejor” universidad, y así eventualmente encontrar “el mejor” trabajo en lo que sueño. Si no logro esto, tendré que contentarme con hacer un camino de oportunidades mediocres.

Hay un entendimiento común a nivel nacional de qué es “lo mejor”. Sí, y la estandarización y segmentación nos ayudan a con esa definición. En simple, si salí de un buen colegio privado, si obtuve un buen puntaje en la PSU, si tengo título de una universidad tradicional o ciertas universidades privadas, el mercado asume que soy “de los mejores” y se abre un camino de entrevistas laborales interesantes y eventualmente opciones laborales buenas. ¿Qué pasa con todos aquellas y aquellos jóvenes que no cumplen con estas condiciones? Quedan fuera de las mejores oportunidades de educación y trabajo. Es un talento que se pierde y se mantiene oculto.

Desde Laboratoria desarrollamos experiencia y nos hemos enfocado en identificar justamente este tipo de talento oculto. Hemos encontrado muchísimo talento en mujeres que no pudieron rendir la PSU, o la hicieron y no les fue bien y por ende no pudieron acceder a la educación superior o si lo hicieron, fue en instituciones de baja calidad, es decir no eran “las mejores”, según los estándares con los que nos medimos actualmente; sin embargo, este talento aparentemente mediocre, es capaz de aprender a programar en sólo 6 meses y más importante aún, es capaz de desarrollar una mentalidad de aprendizaje continuo y amor por aprender a aprender. Y no sólo eso, es capaz de acceder a varias ofertas laborales y muchas que superan los $800.000 líquidos. Y sí, además son mujeres. ¿Era entonces este talento tan malo? Nosotros creemos, y hoy después de más de 400 mujeres egresadas, tenemos la certeza de que sí era “de los mejores”, pero que el sistema les hizo creer a ellas y a los otros que no. 

La invitación es entonces, a reflexionar, a hacernos las preguntas que valen la pena: ¿Por qué no empezamos a formar a nuestros jóvenes (y ojalá desde niños) en aprender a aprender? ¿Qué pasaría si los direccionamos a aprender a solucionar problemas y a saber trabajar con otros de manera colaborativa y efectiva? ¿Por qué no fortalecemos su confianza y de verdad les hacemos ver que pueden aprender lo que quieran a través de una mentalidad de crecimiento? En definitiva cambiemos el concepto de ser “el mejor”.

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