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Opinión

Desafíos de la educación online: conectarnos para conectar


 Por La Tribuna

Gerald Pugh Olavarria
Vicerrector Universidad Andrés Bello
Sede Viña del Mar

El futuro es difícil de predecir y, dado que en la academia somos reacios a trabajar basados en conjeturas, preferimos aportar en la creación del futuro a través de la innovación y la investigación aplicada.

Bajo esa premisa, sabemos que existen diversas formas en las que nuestros estudiantes aprenden hoy en día y una multitud de herramientas que usan para interactuar con el mundo, lo que hace necesario replantearse sobre cómo deberían verse nuestras aulas en el futuro.

El aprendizaje en línea conlleva una oportunidad única para transformar el sistema educativo actual en uno que sea capaz de personalizar las experiencias de aprendizaje, orientado a las nuevas y diferentes necesidades de los estudiantes, permitiéndoles maximizar todo su potencial. No obstante, el mito popular es que la educación en línea es de baja calidad, con menores tiempos de contacto y con dudas sobre sus logros de aprendizaje.

Personalmente, creo que esta percepción actualmente es injusta y equivocada. Cuando se enseña dentro del aula tradicional, los profesores a menudo observamos que algunos estudiantes se quedan callados durante la clase cara a cara o son reacios a consultar sus dudas en persona, pero la tecnología, ahora omnipresente, ha eliminado estas barreras.

No creo, por ahora, que la educación superior en línea reemplace a la enseñanza tradicional en las universidades, pero sí se deben complementar aprovechando las ventajas de cada una. También es cierto que no todo estudiante puede sentarse frente a un computador y aprender, incluso con el mejor plan de estudios en línea, si no cuenta con la motivación y conocimiento para hacerlo.

En la Universidad Andrés Bello, por ejemplo, estamos avanzando en el desarrollo y la evaluación de diferentes entornos de aprendizajes en línea. Para mantener la riqueza de la interacción entre profesores y alumnos, usamos clases en vivo y aulas virtuales, por ejemplo, a través de Blackboard, plataforma digital que dispone de herramientas para realizar clases sincrónicas a través de videoconferencias, y otras que facilitan la colaboración y el aprendizaje de manera asincrónica, es decir, en los tiempos que más le acomoden al estudiante.

El desarrollo y la mejora continua de este tipo de herramientas ofrecen oportunidades nunca antes vistas para brindar una educación de calidad a estudiantes de sectores alejados de los centros de estudios, o a quienes requieran una mayor flexibilidad en sus horarios, adecuándonos a las nuevas necesidades de las personas, ¿y por qué no?, crear foros que fomenten la interacción y el debate de los estudiantes en temas contingentes y que sean de su interés, así como también generar entornos de colaboración globales que les permitan involucrarse con comunidades de todo el mundo, obteniendo múltiples puntos de vista en diversas materias, tanto teóricas como prácticas, conectando y compartiendo experiencias reales entre personas, tiempo y espacio.

En definitiva, algunos elementos tradicionales del aprendizaje universitario seguirán presentes, pero adaptados a una generación completamente digital, escenario en el que las universidades continuarán aportando lo que las computadoras, por sí solas, no puedan entregar, y aquello que los estudiantes tampoco pueden conseguir solo asistiendo a sus clases: la generación de nuevo conocimiento a través de la investigación en sintonía con las necesidades del entorno.

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