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Opinión

A olvidar los cálculos políticos y garantizar la participación ciudadana


 Por La Tribuna

Miguel Abuter León
Alcalde de Antuco

A fines del 2019 se había instalado en nuestro país la idea de retornar al voto obligatorio, con la finalidad de fortalecer los procesos democráticos y garantizar la participación ciudadana.

Esta situación llegó, incluso, a “legitimarse políticamente” con la aprobación de legislar al respecto en la Cámara de Diputados.

En esa oportunidad, casi la totalidad de los parlamentarios se mostraron a favor de tramitar la medida, impulsados, principalmente, por el movimiento de agitación social que vive el país, que en esa fecha se sentía con mayor fuerza.

Todo lo anterior hacía presagiar un trámite no tan complejo en el Congreso, que diera pie a comenzar a cimentar el retorno del voto obligatorio en las elecciones populares del país.

Sin embargo, llegamos al 2020 y extrañamente algunas posiciones cambiaron diametralmente, pese a que el contexto de movimiento social sigue vigente.

Fue así como, hace algunos días, la Cámara de Diputados rechazó el proyecto de restablecer el sufragio obligatorio, al no conseguir el quórum necesario para tal medida.

Los más sorprendente del asunto fue que muchos congresistas, que se mostraron a favor de evaluar la medida, simplemente le “pegaron un portazo” a la idea de reponer el voto obligatorio.

Se habla de que habría una intención oculta tras la acción. Más allá de ese análisis, que puede o no tener asidero, considero lamentable que no se haya avanzado en restablecer el voto obligatorio, teniendo en cuenta que, actualmente, es la única forma de garantizar la participación ciudadana.

Lamentablemente desde el 2012, fecha en que se instauró el voto voluntario, la cantidad de votantes ha ido en disminución, con elecciones con una participación ciudadana de un 35% del total del electorado.

Ello ha provocado la instauración de autoridades con baja representatividad y desconectados de la real necesidad que tiene la ciudadanía.

Mencionar también segmentos de la población que no se sienten representados, como por ejemplo: los jóvenes, minorías étnicas, movimientos regionalistas y minorías sexuales.

Esta situación, sin duda, ha sido detonante del movimiento social que estamos viviendo, que encauza su descontento con protestas en las calles.

Es hora de que la clase política deje de sacar cálculos políticos, y de una buena vez, garantice un mecanismo que fomente la democracia y la participación en el país.  

Hasta el minuto, el único modelo posible es el sufragio universal, por lo tanto, ojalá prosperen las gestiones para reingresar el voto obligatorio en las discusiones del Congreso en marzo.

Sería una buena señal, especialmente cuando nos preparamos para una elección popular trascendental para el futuro de Chile, como será el Plebiscito del 26 de abril.

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