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Opinión

Chile: ultraliberalismo y violencia o democracia


 Por La Tribuna

(del historiador Diego Pérez de Arce)

Última parte

Osvaldo Cáceres González

El gobierno se ha dado diversas vueltas de carnero: fue anulada el alza del metro, propuso un aumento considerado insignificante en las pensiones más bajas, se cambió el gabinete de ministros, salió en particular el ministro Chadwick, primo del presidente y uno de los más desacreditados, y el discurso estuvo focalizado en la seguridad y represión, sin lograr por el momento contener los movimientos.

El 25 de noviembre se realizaron en diversas ciudades las manifestaciones más multitudinarias conocidas en Chile, de 1 millón 200 mil personas, según datos oficiales, y han seguido a escala menor. Según los últimos sondeos (2 de diciembre), menos el 10%, el apoyo de la población se mantenían mayoritariamente, con un 67 por ciento.

Se deploran las víctimas: 24 muertos, 11 incendios, cinco víctimas de las fuerzas de orden, cinco en otros enfrentamientos, aproximadamente 2 mil 800 civiles hospitalizados, entre los cuales unos 240 han sufrido accidentes oculares, numerosos casos de detenidos torturados por las fuerzas de orden, cerca de 2 mil carabineros heridos. Los documentos de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch han confirmado las graves violaciones a los derechos humanos y aconsejan una urgente reforma en las fuerzas de orden.

Entre tanto, el 15 de noviembre, después de muy difíciles tractaciones, los representantes de todos los partidos políticos, salvo el Partido Comunista, concluyeron un acuerdo para llamar a un doble plebiscito para modificar la Constitución. La consulta se llevará a cabo en abril del 2020 con dos preguntas: ¿Desea usted modificar la Constitución? y ¿Quién debe redactar la nueva Constitución, una comisión mixta 50% de parlamentarios y 50% de civiles, o únicamente 100% de civiles? Según las encuestas el 81% querría una nueva Constitución y un 64.5% no querría que los políticos redacten la Carta.

Piñera parece haber perdido la ocasión de convertirse en el artesano de una salida a la crisis. La UDI reclama mayor represión, el ala moderada de RN busca vías para satisfacer las demandas sociales… Las Fuerzas Armadas no estarían dispuestas a tomar una iniciativa, al menos en el estado actual de la situación.

Las demandas sociales, una oportunidad

Se pueden agrupar las demandas en tres categorías: 1.- Medidas sociales urgentes, 2.-Proposiciones de reformas sistémicas, y 3.- La rabia contra “el sistema”.

Las demandas urgentes conciernen a la salud y a la educación, los salarios y las pensiones, así como la fiscalidad. La principal reforma sistémica se ha formalizado en torno a la Reforma Constitucional, pero podría incluirse la integración regional de los pueblos originarios, de las mujeres, de la naturaleza.

La situación chilena se inscribe en los movimientos que aparecen en todo el mundo, del Líbano a Colombia, de los “chalecos amarillos” franceses a Argelia… Se constatan también las consecuencias de la injusticia social debido a las formulas ultraliberales que, a través del control financiero, le ha conferido a algunos lo esencial del poder.

No es posible hacer una apuesta precisa sobre el futuro, sin embargo, parece inimaginable una vuelta al orden que reinaba anteriormente hasta octubre de este año. Desde el año 73 que la población no había tenido la suerte de poder escoger un futuro mejor, con una juventud que está mostrando una magnífica creatividad. Creemos que Chile sabrá cómo aprovecharla para construir un país más democrático, más igualitario y más solidario.

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