suscríbete al boletín diario

Opinión

Chile Ultraliberalismo y violencia o democracia del historiador Diego Pérez de Arce


 Por La Tribuna

Osvaldo Cáceres G.

 (II parte)

En 1994 al 2010 se sucedieron otros 3 presidentes de la concertación: Eduardo Frei, Ricardo Lagos, abogado, economista, exiliado y luego prisionero político a su vuelta al país. Fue ministro de Educación en el gobierno de Aylwin y Frei. Luego Michele Bachellet, médico, hija del General de la Aviación muerto en prisión de la dictadura, encarcelada y torturada con su madre antes de partir al exilio en República Democrática de Alemania, ministra de Salud y Defensa de Lagos.

A pesar de la falta de legitimidad la oposición de la derecha impidió toda reforma de la constitución hasta el 2005. Años después, quince años, se pudieron suprimir las trabas anti democráticas más evidentes como los senadores designados y se le devolvió al Presidente de la República la facultad de destituir a los comandantes y jefes de las Fuerzas Armadas. Otras modificaciones fueron introducidas el 2017, sin embargo los principios de la carta dictatorial se mantuvieron como freno que dificultaba enormemente las modificaciones de la estructura política y social, la definición del sistema electoral que favorecía las grandes formaciones políticas, el principio de subsidiaridad del Estado, que impide poner en práctica políticas de servicio público, la concepción de la familia, etc.

Los gobiernos de la Concertación no cuestionaron el dogma ultra liberal al contrario la democracia recuperada en la política básica, se benefició de un clima internacional favorable, sin modificar la estructura económica financiera, lo que permitió al país un largo y vigoroso periodo de crecimiento inigualable en América Latina, el PIB creció con promedio anual de 8% luego bajo un poco pero se mantuvo con tasas elevadas (5% en promedio durante los años 1990-2010), la inversión extranjera aumentó considerablemente en torno al cobre y accesoriamente en otros sectores de exportación y servicios nacionales y contribuyó a dinamizar la economía, en el interior el sector inmobiliario conoció un boom extraordinario y en el comercio al detalle impulsado por crédito al consumidor. El crecimiento económico benefició a todas las capas de la sociedad, las poblaciones callampas, la indigencia y el hambre tendieron a desaparecer. Nuevos consumidores llegaron a incrementar los mercados, los obreros pudieron adquirir deptos, automóviles, televisores y pantallas plasma, teléfonos celulares y sus hijos tuvieron acceso a la enseñanza superior, pero se amplificaba el endeudamiento de  las clases bajas y medias que se veían en la obligación de contratar créditos para pagar los bienes y servicios de consumo entre los cuales se incluían la educación y la salud; la llegada de jubilados  que al momento de liquidar sus pensiones descubrían que eran miserables, las desigualdades de la sociedad seguían manteniéndose a niveles muy elevados.

Al alba del siglo XXI la estructura económica social chilena se había consolidado, el poder económico financiero estaba entre las manos de un puñado de familiar y de firmas multinacionales implantadas en sectores importadores de recursos primarios y de servicios: las minas, la banca, el comercio al detalle y las comunicaciones. Los acuerdos entre oligopolios y el lobby son prácticas naturales como en el caso del hijo de Bachellet en lo de Caval, los grandes patrones se encuentran a menudo y mantienen buenas relaciones con la “Clase Política”.   (Continuará)

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes