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Opinión

La involución disfrazada de preocupación


 Por La Tribuna

Francisco Castillo Espinoza
Estudiante ingeniería civil industrial
Presidente Juventud Evópoli Bío Bío

Estando a solo unas semanas de terminar este año 2019, nos aproximamos a la etapa de hacer los balances, ahora en pleno estallido social, la cantidad de manifestantes heridos, carabineros lesionados, personas muertas, cantidad de saqueos, pérdidas, entre tantas otras cosas de índole externo. Sin embargo el cambio social, el famoso “progreso” nunca se ha llevado a cuánto aporto yo a que estos cambios sociales los cuales sobre todo hoy que están en la palestra, se materialicen. Muchos no quieren adoptar compromisos o desafíos para que estos se concreten, culpando al sistema, sin asumir siquiera una cuota de responsabilidad, para entender esto pondré un ejemplo en el cual se centra mi idea, con relación a nuestros adultos mayores. Si revisamos las demandas de la sociedad, hoy hablamos de ellos con “preocupación”, sus pensiones bajas, el costo y la calidad del transporte público y el acceso a la salud oportunamente, cosas que parecieran competerle al Estado, englobándolo, en un concepto que suena bastante imponente en la sociedad, la “dignidad” sin embargo, yo me pregunto: ¿Cuánto nos preocupamos cada uno, para que mi familia, vecino, vecina, tenga una última etapa de vida en forma digna? O mejor dicho. ¿Realmente son las políticas públicas las encargadas de mejorar todo el sistema? Sin duda que es algo que el Estado debe promover, pero también seamos honestos, el Estado de Chile puede garantizar recursos, profesionales, etcétera. Pero si quienes administran esos recursos no son personas con vocación de mejorar la calidad de los programas y en como los atendemos, no vamos a avanzar. Nuestros adultos mayores, pueden percibir una pensión igual al sueldo mínimo, pero si nadie los acompaña y ayuda, pueden perfectamente gastarse su pensión completa en cosas que no son necesarias, en alcohol, cigarros, etc. Y seguir viviendo en condiciones indignas. Si no hay nadie de la familia, o conocido que se preocupe de sus controles en los consultorios y que los hagan efectivos. ¿De qué nos sirve emprender el mejor sistema de salud del mundo? Con esto quiero decir, que más allá de exigir dignidad a otros, en este caso al Estado, la dignidad se debe hacer costumbre primero en nuestros hogares y en segundo lugar con quienes nos relacionamos y con quienes no conocemos también, el otorgar un trato digno y preocupado hacia la voz de la experiencia es algo completamente gratuito, dar el asiento en el bus, no usar su fila específica de atención en supermercados, preguntar en sus juntas de vecinos y hacer un catastro por quienes viven solos, darse el tiempo de conocerlos, de escucharlos y acompañarlos también. Hacer de un Chile más justo no solo depende de recursos y políticas públicas, sino de cómo evolucionamos cada cual en la sociedad que vivimos, recién ahí ese cambio sea efectivo en todos los planos, antes de ello solo serán leyes disfrazando una sociedad que fomenta la segregación, olvidadiza y oportunista.

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