lunes 20 de enero, 2020

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Opinión

Educar para la no violencia


 Por La Tribuna

Alejandro Mege Valdebenito.

La violencia como hecho social ha existido siempre en la historia humana, sin embargo aún en los períodos más violentos el hombre ha buscado construir un mundo donde vivir en paz a través de la creación de  la cultura que permita desactivar la violencia sea ésta producto de la naturaleza o de la sociedad, incluso para dominar su propia violencia y se reconoce que ha sido la escuela como invención cultural, junto a la iglesia y el ejército, uno de los medios que más  ha contribuido a formar conciencia de la importancia de la  paz  para vivir con tranquilidad y en armonía social. Aunque para este último su doctrina sea: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra.”

La cruzada de la educación para la paz y la no violencia se inició junto con el movimiento que dio origen a la llamada Escuela Nueva – que coloca al niño en el centro de toda la actividad educativa- que contó con el respaldo de la Unesco y que contiene el ideal de la no-violencia la que constituye tanto un imperativo ético como un hecho social para contener la violencia que ha provocado tanto dolor como destrucción en todos los ámbitos de la vida humana. De hecho, un estudio del año 2002 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Violencia y la Salud determinó que la violencia es uno de los principales problemas de salud en todo el mundo. Una educación para la no violencia para que sea efectiva necesariamente requiere la formación en valores hecho que impacta de manera determinante en la calidad de la educación formativa que reciben las nuevas generaciones. En la concepción moderna de una educación para la paz y la no violencia se reconoce el conflicto como una actitud ancestral del ser humano que puede ser controlada y purificada, siendo una invitación y una oportunidad en la formación ciudadana y la convivencia pacífica para lo cual tiene que ser transversal en el currículo escolar con prácticas dialógicas para contrastar posiciones y alcanzar consensos a través de la aceptación de las diferencias.

Alcanzar la paz y erradicar la violencia es un objetivo fundamental de la educación que trasciende los objetivos meramente instruccionales de la educación por ser una sentida demanda social que tiene urgencia de personas capaces de convivir en sociedad para lo cual la escuela tiene que reconocer y analizar el “currículo oculto”, (que no está escrito) y que generalmente se descuida, pero que tiene más fuerza formativa que el “currículo explícito” ( libreto escrito de lo que debe ser enseñado) por lo  que requiere de un permanente monitoreo y atención para evitar que sea la violencia el factor que desfigure la convivencia pacífica y los objetivos básicos de toda educación y el sostén ético y moral de una sociedad.

Siendo variadas los motivos que gatillan la violencia en el ser humano, desde la insatisfacción de las necesidades básicas de vida, hasta la obtención del poder y la realización personal, con enormes brechas entre quienes las han satisfecho, como aquellos que quieren obtenerlas aún cuando sea cometiendo delitos, la acción educativa desprovista de valores y la injusticia social son reconocidas como el combustible que incendia el descontento y la provoca.

Si bien es cierto que en las escuelas cuentan con el Plan de Gestión de Convivencia Escolar, no es menos cierto que no siempre está bien implementado ni resulta  ser sistemático o una preocupación y atención permanente de toda la comunidad escolar.

El estudio de las causas y las consecuencias de la violencia desatada con que han culminado las protestas sociales debe ser la base para construir una sólida educación que la controle o la desarme.

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