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Opinión

Otra razón para protestar: el negocio de los medicamentos


 Por La Tribuna

Miguel Abuter León
Alcalde de Antuco.

Cuando estamos viviendo una de las crisis sociales más profundas del país, con graves cuestionamientos a nuestro sistema político-económico, surgió un categórico y decidor informe de la Fiscalía Nacional Económica, FNE, que cuestiona seriamente el sistema de medicamentos que impera en Chile.

Si bien podríamos decir que no destapa nada nuevo, porque –prácticamente- es un “secreto a voces” lo costoso que resulta comprar un medicamento en Chile, resulta –sumamente- esperanzador que un organismo del Estado se pronuncie al respecto.

Es que este informe deja en claro que nuestro sistema no contempla los medicamentos como “productos de primera necesidad”, dejando su regulación a las simples reglas del mercado, sin adoptar mecanismos que promuevan que nuestros usuarios puedan acceder a precios más baratos.

Un claro ejemplo es que un 80% de los medicamentos inscritos en Chile no tiene alternativas bioequivalentes, situación que “echa por tierra” cualquier intento por hacer más equitativo el acceso a los fármacos.

A esto se agrega, que se sigue permitiendo que las grandes farmacéuticas hagan un “perverso lobby”, invirtiendo más de US$ 200 millones en la promoción de sus marcas.

Esta “promoción” –al parecer- resulta ser bastante efectiva, ya que como sostiene el informe del FNE, la mayoría de los facultativos termina –en definitiva- por recomendar el medicamento de marca, por sobre las alternativas genéricas o bioequivalentes.

Para qué hablar de las “malas prácticas” de las cadenas de farmacias, donde hace un tiempo existían las famosas “canelas”, que eran incentivos para que los dependientes ofrecieran un medicamento por sobre otro.  

Con todos estos antecedentes, resulta –prácticamente- impresentable pedir que los usuarios prefieran medicamentos alternativos, cuando hay todo un sistema que opera para favorecer el consumo de los fármacos de marca.

Como vemos, estamos –nuevamente- ante la falta de una política de Estado, que garantice un acceso equitativo a los medicamentos, especialmente, a los usuarios más vulnerables.

Con lo anterior, estamos forzando a nuestros adultos mayores y enfermos crónicos a dejarse morir, o simplemente a gastar toda su pensión o su sueldo en la compra de medicamentos.

Por todo ello, se hace necesario, como contempla el informe del FNE, una reforma estructural al sistema de medicamentos, que introduzca más fármacos bioequivalentes en el país, que obligue a los médicos a prescribir recetas sin marca, y que exija que las farmacias dispensen el remedio más barato a los usuarios.

No podemos seguir perpetuando otra injusticia más en el país, sobre todo en un área tan sensible y vital, como es la salud.

Si los chilenos nos sentíamos molestos y manifestando nuestro malestar en las calles, ahora lo podemos hacer con mayor razón, después de este estudio que ratificó que vivimos en un sistema político-económico, que pone al mercado por sobre la salud de la gente.

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