domingo 15 de diciembre, 2019

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Opinión

Para que el día de la educación parvularia, se transforme en una era


 Por La Tribuna

M. Victoria Peralta
Premio Nacional de Educación 2019 y académica U. Central

El 22 de noviembre se celebra el Día de la Educación Parvularia, legalizado mediante el decreto supremo 437 de 1991 del Mineduc, para festejar todo lo que implica este nivel a favor del párvulo y la labor de sus diversos agentes educativos. La fecha recuerda el decreto 1.238 del 22 de noviembre de 1945 del rector de la U. de Chile, Juvenal Hernández que creó la carrera universitaria de Educadora de Párvulos, la primera en su tipo de toda Latinoamérica.

Este año, en el contexto del proceso de cambios que estamos viviendo en favor a una justicia social integral que posibilite un verdadero bienestar para todos, los grandes festejos de celebración se han suspendido en las diferentes instituciones que los organizaban. En los jardines infantiles y escuelas, sin dudas los pequeños y simples actos que hacen los niños, las niñas y sus familias continuarán y lo más probable es que todos quienes trabajan en ellos, reciban una flor, un dibujito o una sonrisa de corazón acompañados de un gran abrazo.

Pero en estos tiempos en los que pretendemos cambios profundos, quienes trabajamos en este nivel y la sociedad entera, deberíamos también pensar qué se hace necesario abordar en este ámbito, en el contexto de lo que significa construir una nueva Constitución y sus derivados.

Algunos de los temas a analizar es la concepción sobre la educación en general y, por tanto, de nuestro nivel, con una visión diferente que el que permite el Estado subsidiario. Definitivamente pensamos, que debería considerarse como un Derecho social y de las personas, desde que se nace, considerando un enfoque de derechos y el desarrollo integral de sus cualidades humanas.

Al asumirse estos planteamientos junto con el de un Estado solidario, el eterno problema del aumento de cobertura del nivel que nos ha limitado a atender sólo a un 50 % aprox. de la población infantil, debería implicar ofrecer oportunidades diversas (formales y no-formales) para todos los niños y niñas, con financiamiento estatal. El enfoque de derechos debería cambiar la elaboración de las leyes, decretos, programas y currículos del sector como lo han sido las últimas propuestas que han surgido de uno o dos ministerios parcializando la atención, y por tanto la concepción del  niño o niña y su enfoque educativo.

El tema de las “cualidades” de la atención y de las propuestas pedagógicas, debería trabajarse desde un enfoque de la complejidad abordando el carácter multifactorial que tiene, y no la metodología “parche” que se utiliza: “cursito por aquí”, unos pocos materiales por allá, etcétera, por lo que se sigue sin cambiar las condiciones esenciales donde se desarrolla el nivel ( 45 niños por educadora en transición); falta de tiempo para tener estudios continuados y de buen nivel para el fortalecimiento profesional o técnico, una maraña de documentos burocráticos a llenar; por tanto, poco tiempo para pensar la educación que se instala en definitiva y conformar verdaderas comunidades educativas con una familia participante en temas de fondo y no agotada como llegan a los centros, cuando eso sucede.

En síntesis, son muchos los temas a remirar y repensar y los cambios de fondo que hay que realizar. Por ello, en este nuevo Chile que estamos construyendo, que no queden atrás estas y otras demandas del nivel, para que construyamos una era enfocada en estos ciudadanos que son los párvulos que tienen también mucho que decir, para resguardarles su infancia como debe ser, pero en un país de derechos e igualdades para todos, y con el mejor futuro que podamos construir.

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