martes 12 de noviembre, 2019

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Opinión

Se debe escuchar a la ciudadanía


 Por La Tribuna

Este reciente fin de semana hemos vivido una agitación social nunca antes vista desde el retorno a la democracia.

Más allá de los actos de vandalismo y saqueos, que la mayoría de los chilenos y chilenas condenamos, este ha sido un movimiento transversal, que ha sumado familias, amigos e –incluso- niños.

Es que no se trata de un simple reclamo por el alza del pasaje de Metro en Santiago, sino de un movimiento que encierra un sinnúmero de demandas y necesidades tan evidentes, que lamentablemente no han sido atendidas por la clase política.

Prueba de ello, es que la agitación social prontamente traspasó las fronteras de la Región Metropolitana, motivando sendas marchas y cacerolazos en distintas comunas del país, incluso, en nuestra Provincia de Biobío.

En Antuco, pese a que no se han registrado manifestaciones masivas, la mayoría de los ciudadanos simpatizamos con las demandas, ya que hemos sido testigos de la injusticia que vive el pueblo chileno.

Un claro ejemplo son las pésimas pensiones de nuestros jubilados, quienes a duras penas resisten el mes, recurriendo a la colaboración de familiares o la ayuda social del municipio.

A esto se suma la deficiente atención de salud estatal, debido a la falta de médicos especialistas, que hacen que nuestros usuarios deban esperar meses y meses para recibir una interconsulta.

Para qué hablar de los bajos ingresos, donde la mayoría de nuestros vecinos realizan grandes sacrificios para ganar algo más que el sueldo mínimo, en circunstancias que los parlamentarios cobran millones, incluso, sin ir a trabajar todos los días.

A esto se suma los grandes proyectos energéticos, que explotan nuestras principales materias primas, sin siquiera entregar una compensación económica a nuestros territorios.

Por todo ello, es que resulta algo incompresible que la clase política aún no se dé por aludida, apuntando sus principales dardos sólo contra la violencia, que –obviamente- todos reprochamos.

Es hora que los políticos tomen consciencia del descontento ciudadano, realizando cada uno su propia autocrítica, porque este problema no es propio de un gobierno.

Que tomen “manos a la obra” y ejecuten -de una buena vez por todas- los cambios que la ciudadanía exige, devolviéndole la dignidad y la justicia a todo nuestro pueblo.

Que entreguen una clara señal de cambio, porque este sistema se comprobó, no entrega las garantías para que progresemos como sociedad.

De lo contrario, seguiremos con esta convulsión social, que no nos deja avanzar, y que de continuar… puede poner en grave riesgo nuestra democracia.

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