miércoles 16 de octubre, 2019

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Comida al vertedero, la sazón del basurero


 Por La Tribuna

Gino Paoli Benedetti
Académico Área Hotelería Turismo Gastronomía
Asesor Centro Desarrollo MyPE
Inacap Los Ángeles

En un par de meses, Chile se convertirá en la sede de la COP25, conferencia liderada por la ONU, siendo la más importante a nivel mundial en temas que abordan el cambio climático, con la finalidad de crear políticas activas que buscan proteger y cuidar nuestro mundo. ¿Pero cuánto cuidamos nosotros, como simples mortales, nuestro planeta a través de la alimentación? Parece algo extraño creer que de la forma en que comemos podríamos ayudar a la tierra que habitamos, pero es una realidad ya que es una de las principales fuentes de contaminación. Los sistemas de producción de alimentos son los responsables del 60 % de la pérdida de biodiversidad en nuestro planeta. En simples palabras, hemos condenado a un gran número de especies a su extinción, por lo que día a día disfrutamos de manera poco responsable en nuestro paladar, un resultado alarmante en base a nuestra demanda y consumo excesivo de productos. En palabras sencillas, mientras más comemos de manera inconsciente más contaminamos. La FAO señala que una familia promedio en nuestro país bota al basurero, literalmente más de 60 kilos de pan al año, aportando de manera creciente a los gases de efecto invernadero que usted como consumidor emite debido a la pérdida y desperdicios de alimentos. Irracional y paradójico, ya que hay más de 800 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Ahora ya con datos y cifras sobre la mesa, llega el momento de actuar. Pero ¿Cómo? Lo logro. Comprando sólo lo que se necesita, de manera inteligente, no comprando más de lo que pueda consumir, calculando o compartiendo porciones. Si Reina y Golfo compartieron un plato de tallarines en “La Dama y el Vagabundo”, créame que usted será capaz de transformar la acción de alimentarnos en un acto amor y compromiso con nuestro planeta, empleando y buscando nuevas acciones. Si usted como consumidor reduce la compra de productos que requieren un uso intensivo de recursos, estará ayudando a que la fecha de vencimiento de nuestro planeta se extienda. Si como consumidor final logra entender un anuncio comercial con las cualidades de cierto producto que le ofrece el mercado, también es capaz de entender y razonar sobre el impacto ambiental que provocan sus decisiones en temas de suministros alimenticios. Con el hecho de consumir agua de vertientes vírgenes del Himalaya, aparte de disfrutar de sus propiedades, usted estará aportando en el aumento de la huella de Carbono en base a su traslado, embalaje y etiquetado. Si apuesta por una economía circular, en base al desarrollo local, si le da espacio en su terraza a una maceta con acelgas o hierbas aromáticas, estará logrando conductas de autoconsumo, aportando a crear un mundo más amigable, reduciendo el uso de plásticos, comprando y consumiendo de manera racional en base a lo justo. Estamos a tiempo de generar un cambio, de ser empáticos con las generaciones que vienen y con la diversidad de especies que habitan junto a nosotros, de transformar y lograr un mundo más sustentable, de dejar de creer que la culpa radica solamente en las grandes industrias, ya que la producción de todo producto o servicio es en base a nuestras propias demandas y preferencias que exigimos como consumidor al mercado.  Es tiempo de generar un quiebre, con tendencias bio-amigables. La decisión está en sus manos.

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