domingo 08 de diciembre, 2019

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Opinión

Educación y cambio climático


 Por La Tribuna

Alejandro Mege Valdebenito.

Ningún acontecimiento o actividad, sea humana o no, queda al margen de la atención ni deja de ser materia de estudio de la educación, especialmente cuando un hecho, natural o social, gravita fuertemente en la calidad de vida y preservación, presente y futura, de la raza humana como ocurre con el peligroso deterioro del medioambiente, fenómeno que, al parecer –y los acontecimientos que se viven así lo demuestran- empieza a preocupar más a las nuevas generaciones que a las adultas, como sucede con las multitudinarias manifestaciones que a nivel mundial se movilizan y protestan contra los factores que provocan el cambio climático, lideradas por la niña ambientalista sueca Greta Thunberg, que denunció en la Asamblea de las Naciones Unidas, ante los más altos líderes del mundo, como los adultos le roban a los menores su niñez y sus sueños de vivir en un mundo donde se proteja la naturaleza, se cuide el medio ambiente y se defienda la vida sana y sustentable del planeta Tierra.

Los distintos intereses que defienden las principales multinacionales que explotan los recursos naturales contaminando el medioambiente y depredando la naturaleza en aras de un crecimiento y desarrollo que requiere cada vez más recursos económicos pero que no resulta sustentable por cuanto no resguarda el equilibrio de la vida de los seres vivientes, junto a quienes no creen en el apocalipsis ecológico denunciado, intentan desacreditar la cruzada de una niña de 16 años que ha llevado a millones de niños y jóvenes a pronunciarse masivamente de manera activa en todas las naciones del orbe, respaldando la decidida cruzada de quien ha levantado un discurso acusador contra los responsables del cambio climático que atenta contra la preservación del mundo en que vivimos.

Niños y jóvenes han tomado una mayor conciencia que los adultos del peligro que corre la naturaleza y la vida en todas sus expresiones y no confían en la palabra y en el compromiso de los mayores en la preservación del medio ambiente. No sin razón, el biólogo Humberto Maturana, premio nacional de ciencias, ha dicho que niñas y niños andan en búsqueda de adultos en quienes creer y confiar.

Y, ¿quiénes son los adultos en quienes creer y confiar en la construcción de un mejor mundo ambientalmente sano donde convivir y de quienes, niñas y niños, esperan ser escuchados y recibir de ellos la orientación, el ejemplo y el apoyo necesario para no desvirtuar los objetivos que persigue el movimiento ambientalista y transformarlo en un problema ideológico no menos contaminante para la convivencia social que el problema ecológico que se busca reparar?

En primer lugar los padres, por supuesto; luego los profesores, los líderes sociales, las autoridades de los distintos niveles y los responsables de los medios de comunicación, entre otros.

La educación, que tiene la misión de formación humana de manera integral, obliga a la familia y la escuela, a los padres y los profesores; al Estado en representación de la comunidad nacional, asumir una tarea de la que no se tiene alternativa y cuya responsabilidad no es posible eludir: educarse primero y educar después en materias medioambientales e ir más allá del círculo familiar y del aula escolar, entrar al espacio público y privado formando conciencia y creando hábitos de respeto y cuidado por el medioambiente por ser una materia que  -aunque para algunos parezca una alarmista exageración, la verdad es que la ciencia lo ha venido denunciando desde hace bastante tiempo.

Al hacerlo, en lugar de cuestionar el movimiento ambientalista, agradezcamos a Greta su denuncia.

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