miércoles 11 de diciembre, 2019

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 Por La Tribuna

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¿A qué hacemos referencia cuando hablamos de “Evaluación Integral Holística o Compleja de los Aprendizajes”? ¿Cuál es su sentido intrínseco y cuáles sus características principales? ¿Qué es lo que se debe tener en cuenta para que un proceso como este, con sus procedimientos e instrumentos, sea considerado como tal?

Al respecto, como dato ilustrativo, y elemental, convengamos antes que todo lo siguiente: “no existe quehacer humano –por modesto o superficial que este resulte ser– en el que no se vea involucrada consciente o inconscientemente, y para bien de toda persona, la práctica de la evaluación como recurso indispensable para la toma de decisiones. Con más o menos grados de sistematicidad y precisión –cientificidad, al cabo– o con ninguna de las dos, lo cierto es que siempre ha estado y estará ahí, para ser parte de nuestra cotidianidad social, histórica y cultural en función de lo que hagamos”.

Cosa distinta, empero, es hacer referencia a la Evaluación Educativa en general y a la Evaluación Pedagógica en particular, en especial si la situación tiene que ver con la denominada “Evaluación Integral Holística o Compleja de los Aprendizajes”, motivo de este nuevo comentario.

En efecto, para hablar de “Evaluación Integral Holística o Compleja de los Aprendizajes” es preciso entender que se trata de una “Evaluación Integral por Procesos”; esto es, de una evaluación que, por un lado, teniendo en cuenta una diversidad de factores que surgen del cruce entre estas/os, se hace cargo de categorías o procesos tales como el desempeño, las aptitudes y el rendimiento de los educandos, en tanto que, por otro, de la ejecución, valoración y teorización que deben expresar los estudiantes como actores principales (sujetos de la educación) en su proceso de formación y desarrollo, en oposición a la condición de objetos de la misma que han tenido históricamente en el proceso educativo.

Esta evaluación pedagógica de la que hablo se caracteriza por ser holística, formativa, científica, sistemática, continua, acumulativa, objetiva, flexible, personalizante, cualitativa, cooperativa, dialógica, metaintelectual-cognoscitiva, evaluativa y ética en el sentido amplio y profundo de cada término, siendo sus principios rectores, entre otros, el constituir  en sí misma un recurso de aprendizaje, anticipar los factores a evaluar, hacer de las actividades de los educandos el punto de partida, de realización y de llegada, fortalecer el interés como centro motor que dinamiza el proceso de aprender de la población discente, averiguar sobre los logros y dificultades tenidos por los estudiantes como consecuencia del proceso de aprendizaje, apostar a una apreciación cualitativa sujetiva (del sujeto de la educación) y subjetiva, al propio tiempo que responde a la idea de formación integral e integrada; donde se mezclan, desde el punto de vista de la acción evaluativa propiamente tal, la heteroevaluación (desarrollada por el docente), la coevaluación (ejecutada por la comunidad de pares educandos desde el aprendizaje colaborativo) y la autoevaluación (realizada por cada estudiante en una visión de sí mismo en el proceso de aprender).

El asunto es que, finalmente, a través de los aportes de esta modalidad de evaluación pedagógica, el enseñante se hace cargo del proceso de situacionalización de los estudiantes en sus aspectos endógenos y exógenos (enseñanza antepreáulica); se ocupa del diseño y elaboración del microcurrículo o currículo áulico, asegurando calidad de diseño, calidad de conformancia (adecuación  según la diversidad discente en la clase) y calidad de servicio a los aprendientes (enseñanza preáulica); interviene (en) el espacio pedagógico de que se trate (el salón de clases u otros) con la implementación del currículo áulico planificado considerando un inicio, un desarrollo y una finalización (enseñanza áulica); y reflexiona para la toma de decisiones, en orden a considerar los cambios inmediatos y mediatos que sean menester, respecto de sus expectativas con los educandos, de su diseño microcurricular y de su propia gestión docente en el espacio pedagógico (enseñanza posáulica); en la idea final de ofrecer mayores oportunidades de aprendizajes a sus educandos y de ser protagonistas de los mismos.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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