jueves 21 de noviembre, 2019

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Opinión

Ciencia y derechos


 Por La Tribuna

Mario Ríos Santander

Nuestra conferencia, tenía aquel día un ingrediente nuevo: La Ciencia. En anteriores reuniones, la exposición se había concentrado  en aquellos asuntos de iglesia, en cuanto ésta, la iglesia, era y es, el puntal de los principios que han sostenido los valores de la Civilización Occidental Cristiana. Esta misma cuestión de relevancia, habían llevado, recientemente a los investigadores del Diario Le Monde de París, a sostener que, “en el año 2050, el 75% de la población mundial, será cristiana”. Tal aseveración, pone en alerta a los organismos mundiales, (ONU por ejemplo), advirtiendo la relevancia a las entidades religiosas, eternas contraparte, pretendiendo separarlas de su función natural y constituir de esta forma, un referente nuevo, laicista en extremo, científico y dictatorial, que ordene y mande sobre derechos universales, independiente de cualquier otra cuestión, étnica, cultural, religiosa de cualquier pueblo en cualquier lugar de este planeta. ¿Es el avivamiento de una nueva civilización?  Sostuvimos que sí. De partida, el Imperio comunista, eso fue lo que pretendió, restándole al ser humano, toda la diversidad que le entrega su naturaleza, llegando a definirlo como el “hombre nuevo”, desprovisto de deberes, sin valores, es decir, marginando la obligación de la Iglesia, por cuanto ella, era el “opio del pueblo”

Pero viene la ciencia.

Y para entrar en materia, a modo de resumen  expresamos que, así como en los “derechos”,  se contraponen los “deberes”, declaramos que en una sociedad, o conjunto de una especie, animal o vegetal, cualquier que ella sea, a la “ciencia”, se le contrapone la “esencia”. Esta última, entendida como la representación de todo lo permanente o invariable que determina a un ser y sin las cuales no sería lo que es.

Trajimos a debate esta cuestión para tener opinión en esta avalancha de avances científico, que a decir de muchos, “modificarán al  ser humano”. Es así que los afanes científicos, han marginado el humanismo, (y de paso la religión), conscientemente, sin queja ninguna, solo con el fundamento de los nuevos tiempos para la humanidad en que la ciencia dispondrá una nueva vida. Cronistas diversos, se sumergen en su imaginación creadora, proclamando a los robots dirigiendo al mundo, alcanzando niveles insospechados en esto de la Inteligencia Artificial. La ciencia, herramienta magnífica, será la conductora de la humanidad, degradada, pues un número ubicado en algún rincón de la piel, como lo es ahora en los perros en ese chip implantado en sus cuerpo, dará origen a una nueva criatura Y el mundo materialista goza a tal punto, que se atreve apostar por el fin de la especie humana. ¿Qué nos queda?  Ningún proceso revolucionario, tuvo éxito. Fracasos, pueblos sumidos en la desesperanza, La naturaleza de las cosas, se impuso en todas las sociedades del orbe. La esencia del ser, obligó manifestarse los deberes y fue tan grande esa reacción, que eliminó cualquier atisbo antinatural y con ello el periodo revolucionario desapareció. Sin embargo, la mala yerba  vuelve con formas distintas. Hoy es solo el derecho  lo que se expresa, y la ciencia, lo que se manifiesta. Ambos, adquieren tal relevancia que  distorsionan la visión del ser. Ha llegado el momento de dar solidez a deberes y esencia. Y las entidades primarias en tal responsabilidad, las iglesias, deben  estar sólidas para cumplir con tal obligación.

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