domingo 08 de diciembre, 2019

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Opinión

La acción comunicativa en el centro educativo


 Por La Tribuna

Profesor Juan Bustamante M.

La Teoría de la Acción Comunicativa es un hecho, pues existe un constructo teórico denominado en tales términos que ha pretendido dar respuestas a situaciones inacabadas, a expectativas insatisfechas y a procesos inconclusos en/de la modernidad, como el mismo Habermas lo ha sostenido; pero también una aspiración, toda vez que aún hoy –y en plena posmodernidad– las señaladas situaciones, expectativas y procesos siguen siendo proyectos por terminarse, situados más bien en el plano de las utopías (lo ideal e inalcanzable) que en el de las eutopías (lo concreto y realizable). Un fenómeno latente lo constituyen las formas de relación o tipos de interacciones que se evidencian en la cotidianidad escolar.

Como se sabe, al acto de la comunicación concurren una diversidad de elementos y procesos que entreverados entre sí permiten la entrega y recepción, bajo intención comunicativa –y mediante roles intercambiables– de mensajes verbales, paraverbales y no verbales, entre por lo menos dos actores en interacción.

En este caso, si la idea es el predominio de la acción comunicativa, esto es, la búsqueda de actos de entendimiento a través de los cuales los planes de acción de cada uno –o lo que les impulsa a comunicarse– pueden ser armonizados entre sí, sobre la base de una definición compartida de la situación, donde la negociación de definiciones es un componente activo y sustantivo en la tarea interpretativa de unos y otros en la acción comunicativa.

Lo cierto es que la realidad escolar está equidistantemente lejos de esta posibilidad –y no por impracticable–, si se tienen en cuenta las formas como se llevan a cabo las interacciones personales entre los diversos acores educativos, las cuales, respondiendo históricamente a visiones jerárquicas directivistas y verticalistas, han marcado y determinado las conductas comunicativas de los sujetos, rayanas muchas de ellas en verdaderos actos de sumisión.

Por lo mismo, es posible afirmar que las instituciones educativas se han caracterizado hasta ahora por circunscribir las interacciones sociales de los sujetos en comunicación a procesos más bien teleológicos, aunque eventualmente a otros de tipo dramatúrgico, y ello, porque se ha privilegiado tanto la selección de instrumentos por parte de los sujetos en comunicación para lograr sus objetivos (donde el lenguaje ha sido asumido como un medio para alcanzar un fin), como la puesta en funcionamiento de un conjunto de reglas institucionales en función del deber ser de estos, estén o no de acuerdo con ellas, así como la representación, es claro, de situaciones orientadas a compartir de manera sensible en sus distintos intercambios sociales lo que les identifica.

Con lo anterior, es de suyo evidente que con estas formas de interacción social se ha contribuido, y de manera inequívoca, a la tenencia de interacciones reconocidamente restrictivas como las asimétrico contingentes (procesos teleológico/normativos) y pseudo/contingentes (procesos dramatúrgicos), opuestas a otras simétricamente contingentes (acción comunicativa propiamente tal), en las distintas relaciones interestamentales institucionales con cada uno de  sus viceversas, y contrarias a lo que en la actualidad se preconiza que debe ocurrir en los centros de enseñanza, enfatizándose aquello de que en la educación somos y estamos, mientras que en la escuela solo estamos, en detrimento de aquella otra idea que promueve, potencia y define  al educador como aquella persona que ayuda a crear relaciones inéditas a partir de lo conocido, y que al mismo tiempo consagra y respeta el derecho a equivocarse que tienen los sujetos en interacción comunicativa, dada nuestra humana falibilidad.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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