martes 19 de noviembre, 2019

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Opinión

Una foto, una historia


 Por La Tribuna

Mario Ríos Santander

La Corporación Cultural de Los Ángeles,  nos invitó a algo curioso. No sabía cómo se manifestaba.

“Una foto, una historia”, resultaba ser una melancolía expresada en palabras, que en las manos de quienes expresarían los sentimientos del corazón, (porqué así lo entendía), acogeríamos la narración de aquel instante plasmado en imagen, una foto. Fui, una puerta cerrada, timbre y el “tic” de un cerrojo eléctrico. Una vez abierta, subo la escalera, angosta, muros antiguos, papeles pegados en la pared, figuras, pinturas, dibujos. Al llegar un “mesón”, tras él, un hombre mira de pronto con rostro aburrido al recién llegado, para luego fijar su vista  hacia el piso. Sobre sus piernas, un celular que lo cautiva. Poco importa quien llegó en ese silencio de cielos altos y oficinas repletas de todo. “Vengo a una exposición de fotografías”, señalo con voz agradable, de amigo. Me mira y hace un gesto, “en la pieza del fondo hay gente…”, supuse que debía seguir hacia una sala “Anarkos Bermedo”, anunciada en el costado de la puerta. (“Anarkos?.. ”..el ha revestido la tierra de versos que son flores de la humanidad”, dice el poeta en aquella simbología de “Anarkos”). Abro la puerta con temor. Una mujer elegante, distinguida, celular en manos, saca fotos a seis personas de pie frente al muro blanco. Busco las fotos y solo veo algunas guirnaldas sobre fotos enmarcadas sobre una mesa. Uno de los fotografiados, se acerca a saludarme, Conversamos, “Somos un grupo de teatro. Nos dirige una joven argentina que está contratada por esta Corporación. Yo y todos mis colegas, somos de la tercera edad”. Un mesón, tras las 15 sillas dispuesta para los espectadores, tiene bocadillos y copas elegantes. Mi ocasional amigo, tiene en sus manos una fotografía,  “me la sacaron en el estudio fotográfico de Belmar en calle Colon, hace 53 años”. El resto, guarda silencio. Saludo a la mujer elegante. En alguna parte la había visto. “Trabajé en la Notaría, ahí me vio”, fue su observación ante tanta pregunta de mi parte. Y se inicia esto de “Una foto, una Historia”, Sobre el muro blanco surge una imagen, la Directora Argentina, está encargada del proyector. Se pone de pie uno de los seis actores. Es alto, bien vestido, pelo blanco. Anuncia que tiene 73 años. La señora de la notaría se acerca y en voz baja expresa, “Es mi pareja”. Larga historia, “tengo tres hijas, las tres nacieron un día 16 en mese distintos, ahora el número de mi casa, también comienza con 16. Viví en Chile, EEUU y Canadá… ahora vivo en Los Ángeles”, La señora de la notaria me mira triunfante. Luego el resto de los actores, cada foto, un recuerdo, Dramas y alegrías. Las actrices, combinando el llanto con la emoción, el amor y la desolación. Otro, la pelea del curso del liceo en Bahía Blanca, “fuimos detenidos por la policía argentina, nos encerraron, sin agua, sin baño, sin comida, a los 35 compañeros en un vagón de tren para animales. Luego, nos llevaron a la frontera, deportados..!!”, culminaba el recuerdo de la foto con aires de triunfo.  Más adelante, ella, más menudita, suave y tierna, “fui golpeada, (imaginé que saldría la Dina en el cuento pero no), golpeada por mi hermano y yo lo ocultaba. Una tía me llevó a Santiago. Me escondí de mi familia…”, dramático pero de un final de paz.

Ese encuentro, de tanta sencillez, que lo vi casi intrascendente, llenó mi alma. Aunque éramos pocos los ahí presentes, estimé suficiente, porque las cosas profundas del ser humano, no son para muchos.

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