martes 19 de noviembre, 2019

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Opinión

Por el bien del país: fraternitas republicana


 Por La Tribuna

Alejandro Mege Valdebenito.

Aún cuando alguien, en algún momento, decepcionado y agobiado por los problemas que tiene que enfrentar cada día, descalifique de manera grosera y despotrique contra el país en el que nació y en el que vive, así como lo hace contra las autoridades,  los depredadores de los recursos públicos para hacerlos  privados, los violadores que pisotean sus juramentos más solemnes y sagrados; los responsables de las inequidades e injusticias contra la clase social más carenciada, cuesta hacerse la idea que alguien en sus cabales pretendiera hacerle daño a su país. Tanto es así que, incluso  quienes infringen la ley, cometen delitos comunes (¿se les llamará así por ser de normal ocurrencia y de  común aceptación?) o de lesa humanidad,  afirmarán, si se les consulta, que no quieren hacer ningún  mal a su país, más aún, justifican sus actos delictuales o terroristas, diciendo que sus acciones las realizan por el más puro idealismo  para lograr justicia social, un reparto más equitativo de los bienes y  construir un  mejor país y como las cosas no se arreglan por las buenas, hay que hacerlas por las malas, destruyendo si es necesario.

Vaya  forma de aportar al bien del país.

Sin embargo son muchas las  personas sanas y bien intencionadas que declaran y orientan sus acciones en pos  del bien del país, actitud que debe constituir un fin de la sociedad y ser compartido por todos sus integrantes, correspondiendo al Estado promover y proteger lo que pertenece a todos, garantizando las condiciones  sociales que permitan el ejercicio de  la libertad, la justicia y la paz, así como  el acceso equitativo a los bienes producto de los avances de la civilización y la cultura. Hasta ahí el relato parece feliz.

Más, algo no anda bien en el país.

Se respira un ambiente de malestar y desconfianza por el  accionar político que las autoridades no logran disipar cuando afirman que la situación del país es mejor que la  de antes  y   repiten la manida frase de “estar trabajado todos los días” para hacer de Chile un mejor lugar para vivir y si las cosas no resultan de acuerdo a sus buenas intenciones es porque la oposición niega su apoyo a cualquier cambio que se proponga. ¿Será que las propuestas – sus objetivos, diseño e implementación- no convencen ni a sus propios autores?

Sin embargo, a pesar de las naturales diferencias ideológicas y de las visiones distintas que las personas tienen de cómo  construir un país fraternal y solidario, las dificultades que socavan la posibilidad de lograrlo lo constituye la descalificación y el ataque personal hacia quienes sostienen opiniones divergentes, así  como el declive  ético de la sociedad, tanto en la vida privada como pública, hecho que nos hace recordar la grave crisis moral del país que denunciara Enrique Mac Iver en el memorable discurso “Me parece que no somos felices” que pronunciara en el Ateneo de Santiago en agosto de 1900.

Frente a este ambiente poco favorable al bien y sanidad del país, la Gran Logia Femenina de Chile y la Gran Logia de Chile han invitado a los y a las líderes de nuestro país a participar desde una concepción laica, pero integradora y fraterna, al encuentro Fraternitas Republicana donde todos contribuyan a la tarea común de asegurar el bienestar y la libertad de todos y cada uno de las chilenas y chilenos, acto que se realizará en Santiago el 9 de septiembre y donde participarán las máximas autoridades de los  poderes del Estado y donde todos podrán “hacer expresión de nuestras mejores intenciones de fraternidad como chilenos, como patriotas y personas de bien, para trabajar por el interés superior del país”.

Que el encuentro cumpla  su objetivo.

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