sábado 19 de octubre, 2019

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Opinión

Loquuntur de cathedram


 Por Marisel Venegas

Profesor Juan Bustamante M.

En términos generales, enrevesado problema es esto del uso del lenguaje verbal, por lo complejo de su abordaje y lo no menos espinoso de las sensibilidades que a diario nos rodean –ya directa o indirectamente, ya casual o intencionadamente–, cuando se entrevera, se cruza, interacciona, atendidos sus distintos niveles de expresión (formal, vulgar, específico, coloquial, estándar) con los saberes de cada quien y sus también distintas manifestaciones personales, especialmente doxas y diletantes. Es que donde sea que estemos, y por donde sea que vayamos, definido por contextos históricos, sociales y culturales muy específicos, allí estará, desde su inevitabilidad, marcando presencia para todos nosotros, lo queramos o no, siendo nuestra responsabilidad, por lo tanto, estar a la altura de las circunstancias para comprenderlo desde los actos de habla.

Ahora bien, ¿por qué todo esto?, ¿por qué la introducción precedente?, que a todo esto nada tiene de rebuscado ni de académicamente rimbombante, y la respuesta surge simple, límpida, categórica y directa: necesito explicar, defender y justificar la frase: “Hoy hablaré desde la cátedra”, dejando en claro, por extensión, que en español “toda oración es una frase, aunque no toda frase es una oración”, según lo explica la Real Academia de la Lengua.

Desde luego, para llegar al quid del asunto que hoy me interesa –y que no es otro que ahondar en el contenido de la ya mencionada frase de referencia–, resulta imperativo desentrañar antes que todo el valor semántico, significativo, de la voz esdrújula “cátedra”, comenzando por indicar que se trata de una palabra polisémica que, según el Diccionario de la Lengua Española (en su versión 2018), contiene, entre otras, las siguientes acepciones; a saber: empleo y ejercicio del catedrático, facultad o materia particular que enseña un catedrático, asiento elevado desde donde el maestro da lección a los discípulos, sala donde se dan clases y especie de púlpito con asiento donde los catedráticos y maestros leen y explican las ciencias a sus discípulos; para terminar agregando que, según el Diccionario Etimológico de Fernando Corripio, significa: “asiento del profesor”, en tanto que de acuerdo con el de Guido Gómez de Silva, “cargo de profesor”.

El tema es que con motivo de una exposición que llevé a cabo hace un tiempo en representación de la AFDEM  ante la Comisión de Educación del Concejo Municipal de Los Ángeles, a propósito de una situación particular que afectaba a un liceo de esta ciudad, y considerando que haría uso de la palabra ante un cuerpo colegiado competente (y más encima presidido por un profesor) que desde su función fiscalizadora de los actos de la autoridad, se ocupa de velar, entre otros aspectos, por el normal funcionamiento y calidad  de la educación pública local, comencé mi intervención diciendo: “Hoy hablaré desde la cátedra”, enunciado que, más allá del impacto que pudo o no haber causado en los oyentes, no tuvo otro sentido que indicar, antonomásticamente hablando, que haría uso de la palabra desde la posición del profesor, desde la posición del enseñante; y ello, porque en la referida oportunidad se cruzarían, como inevitablemente había de darse, conocimientos profesionales relacionados con Filosofía de la Educación, Legislación Educacional, Ciencias de la Educación  y Ciencias Auxiliares de la Práctica Educativa.

Sobre este particular, aprendí una vez que estando en posesión de una formación académica tal, los favorecidos que fueren debían mirar, pensar, hablar y actuar como lo que eran; esto, en el bien entendido de que un profesional docente no solo tenía que serlo, sino que además parecerlo.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles

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