viernes 18 de octubre, 2019

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Opinión

Tres mitos sobre el Trastorno del Espectro Autista


 Por La Tribuna

Faviola Inostroza Pardo
Jefa carrera Educación Diferencial
Universidad Santo Tomás Los Ángeles

La Organización Mundial de la Salud, indica que, a nivel mundial uno de cada 160 niños presenta Trastorno del Espectro Autista (TEA), siendo su incidencia más alta en varones. En Chile, de acuerdo con la Guía de Práctica Clínica, Detención y Diagnóstico Oportuno de los Trastornos del Espectro Autista del MINSAL (2011), no existe un registro del diagnóstico del trastorno del espectro autista, aunque en una presentación de la Subsecretaría de Salud Pública en 2018, se estimó la existencia de 50.500 de niños menores de 18 años que presentarían esta condición.

El TEA es una condición neurológica y de desarrollo, que se inicia en la niñez y que perdura en el tiempo incidiendo en el comportamiento, interacción, comunicación y aprendizaje de la persona. Así, el autismo, síndrome de asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado son parte del TEA, los cuales se manifiestan de distintas formas dependiendo de cada persona, por lo cual su intervención debe ser coherente con la individualidad de ésta.

Las características básicas que presenta el TEA, se han definido como:

– Déficits persistentes en comunicación e interacción sociales en múltiples contextos.

– Patrones repetitivos y restringidos de conductas, actividades e intereses.

– Sus características deben estar presentes en el período de desarrollo temprano, aunque cabe destacar que pueden no manifestarse, hasta que el entorno en el que se desenvuelve la persona lo demande.

– En ocasiones, existen características que se manifiestan como alteraciones significativas a nivel social, ocupacional o en otras áreas importantes del funcionamiento individual.

– Aunque se debe precisar que, estas alteraciones no se explican mejor por la presencia de una discapacidad intelectual o un retraso global del desarrollo.

Muchas veces por desconocimiento, falta de sensibilización o mala comprensión de esta realidad, es que surgen ciertos mitos que generan desencuentros que no favorecen a los procesos de inclusión de las personas que viven con esta condición:

1.  El TEA es una enfermedad: ¡Falso! Corresponden a un trastorno de origen neurobiológico que se relaciona con el desarrollo del sistema nervioso. Por lo tanto, NO es una enfermedad, no se contagia, no se requiere “curarla”, no se contrae en algún momento de la vida, ni se padece.

2. Las personas con TEA no pueden comunicarse: ¡Falso!   Las personas con TEA pueden comunicarse, aunque de formas variadas y no necesariamente haciendo uso del lenguaje oral. En ocasiones requieren apoyos y recursos, como los Sistemas Alternativos o Aumentativos de Comunicación.

3. Las personas con TEA son personas agresivas y violentas: ¡Falso! En contextos de estrés o de alteraciones de su rutina sin previo aviso podrían existir dificultades para desenvolverse en entornos socialmente complejos que se manifiestan como conductas de carácter inadecuado o no deseado y que podrían parecer extrañas para otras personas.

Es importante considerar estos puntos (aunque la lista puede engrosarse de acuerdo con los mitos acuñados por la sociedad), ya que conocer las características de esta condición, nos hará resignificar y comprender la trayectoria de miles de personas que alrededor del mundo viven con TEA.

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