martes 16 de julio, 2019

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Disminución de los residuos, una tarea de todos


 Por La Tribuna

Nuestro país será sede en diciembre de la 25° Conferencia de las Partes (COP25), órgano de decisión de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.  Uno de los puntos que se pretende avanzar está relacionado con la economía circular, estrategia basada en la naturaleza donde no existe el concepto de desperdicio y todos los elementos cumplen una función de manera continua y con el respectivo aprovechamiento en las diferentes etapas del proceso.

Uno de los graves problemas de la economía tradicional, que utiliza un modelo obsoleto que conocemos como economía lineal (extraer-fabricar-eliminar), es la gran cantidad de residuos generados, aunque las empresas están cada vez más sensibilizadas y también más abiertas a oportunidades de mercado “verde”.

Es evidente que este proceso de economía lineal no es sostenible en el tiempo, considerando que para el año 2050 se aumentará la necesidad de consumo de agua y alimentos en un 40% y 70% respectivamente. Esto es realmente paradójico si se considera que la cantidad de alimentos que se pierden o desperdician en toda la cadena de producción y consumo a nivel mundial alcanza actualmente los 1300 millones de toneladas anuales, según datos de la FAO. Esta cantidad representa un tercio de los alimentos que se producen y equivale a 3.300 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, uno de los principales gases de efecto invernadero y con graves consecuencias en el calentamiento global.

En este sentido, la economía circular propone que los bienes no se consideren como ilimitados, promoviendo un uso más inteligente de las materias primas apostando a la reutilización de los elementos que por sus propiedades no pueden volver al medio ambiente.

En nuestro país estamos muy lejos para implementar en todos los sectores una “cultura” de economía circular, si uno se compara con los países de la OCDE donde ocupamos el penúltimo lugar en materia de valorización de residuos, aun cuando existen iniciativas que permiten predecir que estamos en el camino correcto.

Recientemente se rebautizó la antigua oficina de residuos del Ministerio del Medio Ambiente por la de economía circular con el objetivo de potenciar una economía precisamente libre de residuos. También se está implementando la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que busca que se desarrolle una infraestructura para que los residuos puedan reutilizarse y que las empresas se hagan cargo de dicho material producido y donde el espíritu de la ley es “el que contamina paga”.

Asimismo, dentro de las metas fijadas por esta nueva ley destacan, por ejemplo, la reducción de residuos como envases y embalajes que se usan cotidianamente en los domicilios de un 60% para el 2030. Cabe señalar que en Chile se generan cerca de 7,5 millones de toneladas de residuos domiciliarios al año de los cuales 1,25 millones de toneladas corresponden a envases y embalajes.

La temática de economía circular es uno de sus pilares para CORFO, considerando que en Chile los residuos son revalorizados en US$ 0,5 mientras que el promedio de la OCDE son US$2,3.

En este escenario, el año recién pasado se abrió una convocatoria de proyectos denominada “Prototipos de Innovación en Economía Circular”, única en Latinoamérica y que promueve la innovación tecnológica en esta área. Una tarea no menos compleja está relacionada con la actividad minera, ya que con la producción actual de cobre se generan cada 36 horas relaves equivalentes a un cerro Santa Lucía. Con esta magnitud de residuos generados es evidente que nuestro país presenta serios desafíos en el cual cada uno de nosotros debe aportar con la finalidad de acercarnos a un sistema eficiente, próximo a lo que existe en la naturaleza.

Dr. Iván Ñancucheo Cuevas

Investigador de la Facultad de Ingeniería y Tecnología

Universidad San Sebastián


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