jueves 22 de agosto, 2019

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Opinión

La revolución comenzó hace años


 Por La Tribuna

Bruno Vyhmeister

La revolución ya comenzó, muchos no han querido enfrentar el hecho que la mayoría del empleo actual tal y como hoy se conoce desaparecerá en las próximas décadas. Enfrentar esta revolución y poder sortear estos golfos procelosos con éxito y proyectar la transición a la nueva era es una misión que tenemos que enfrentar como sociedad donde ningún actor está de más.

Es un hecho de la causa, no hay peor ciego que el que no quiere ver, primero fue Uber ahora los supermercados las máquinas remplazarán a los hombres así fue en la primera revolución industrial y ahora con la robotización el proceso será más dramático y violento.

Los índices de desempleo a nivel mundial deberían aumentar de manera dramática con los años frente a esta 4ª revolución, no obstante, hoy vemos en Alemania los estados con mayor grado de industrialización y tecnología, estados pertenecientes a la antigua Alemania del oeste, tasas de desempleo bajo el 4% lo que equivale a empleo total, el que quiere trabajar encuentra trabajo. Mientras tanto dentro del mismo país los estados dedicados principalmente a la agricultura y con niveles de industrialización más bajos (ex Alemania del este, bloque socialista) se encuentran con tasas de desempleo entre el 7 y 11%. Desde la reunificación de Alemania casi 30 años, el oeste ha subvencionado al este en miles de millones de marcos y ahora euros.

La señal es clara, los países que apostaron por invertir en su capital humano, investigación y desarrollo, podrán enfrentar esta nueva revolución adecuando su demanda y oferta laboral reconvirtiendo los puestos de trabajo a los nuevos tiempos pero mientras sigamos centrando la discusión del empleo en los potenciales beneficios cortoplacistas que pueden lograr los sindicatos y olvidando poner el foco de la discusión en la productividad y capacitación seguirán aumentando los índices de desempleo.

¿Cómo crear más y mejores puestos de trabajo?, el primer paso que tenemos que sortear es la descentralización: 

Mientras el mundo tiende a la descentralización, Chile sigue estancado en solo un 15% del gasto público a nivel regional, comparativamente 30% en América Latina y el 50% en los países desarrollados (Suecia, Alemania, Australia etc…) un abismo.

Insistimos en continuar como el alumno porfiado de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que no quiere desconcentrar el poder, aunque una señal será la elección de gobernador regional, sin no le otorgamos más atribuciones y presupuesto de poco servirá.

Incluso los países unitarios no muestran rasgos de tanto centralismo como el régimen chileno. La mayoría (76 %) de los países de la OCDE tiene sistemas unitarios como Chile y sin embargo todos ellos cuentan con elección directa de jefes de gobiernos regionales, provinciales o su equivalente a lo que en Chile sería la figura del intendente regional.

Otro talón de Aquiles han sido los intentos por promover la I+D. Según el Ministerio de Economía, el gasto en este ítem mantiene una tendencia al alza, hoy equivale al 0,38% del PIB nacional lo que ni remotamente se acerca al 2,4% promedio que destinan los países de la OCDE.

Según los datos de la OCDE, Chile actualmente se encuentra en el último lugar de los países OCDE en cuanto al porcentaje de inversión según su Producto Interno Bruto, con 0,38%, dicha cifra podría  subir a un 0,6% si se implementan las recomendaciones del Consejo Nacional para la Innovación.

De cumplirse la expectativa, Chile superaría a México (0,5%) en el ranking y quedaría en el 30° lugar, ocupando el penúltimo puesto, nada para para estar orgulloso.

En tanto, el primer lugar de inversión en I+D a nivel mundial en relación a su PIB lo ocupa Corea del Sur con 4,30%, seguido por Israel (4,10%), Japón (3,60%) y Finlandia (3,17%).

Si nos comparamos con el resto del barrio, en I+D en Latinoamérica, Brasil sobrepasa al resto de los países de la zona invirtiendo un 1,2% de su PIB en I+D, todo el resto no superan el 0,5%.

Un dato preocupante para Chile, es que, si nos comparamos con el resto del mundo, el bajo porcentaje de profesionales dedicados a la I+D, por ejemplo, según la OCDE, si en Finlandia 21,45 de cada mil trabajadores se dedican a estas materias, en Chile la tasa llega solo a 2,46.

Otra debilidad es, mientras en Chile y Latinoamérica son los gobiernos lo que financia el I +D en los países desarrollado un tercio de la inversión corre por cuenta de instituciones de educación superior y organizaciones privadas sin fines de lucro, y un tercio por los gobiernos, en tanto que las empresas asumen otro tercio del total.

Solamente cuando logremos superar estas brechas y entendamos la importancia de invertir en I + D, con una mirada descentralizada, podremos vencer todos los miedos de la 4ta revolución industrial y culturar que ya es una realidad.

Bruno Vyhmeister López


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