lunes 23 de septiembre, 2019

noticias por comunas

EDICIÓN IMPRESA

Opinión

Se necesitan maestros


 Por La Tribuna

ALEJANDRO MEGE

En agosto de 2011, Felipe Cubillos, poseedor de un profundo sentido social, que levantó un “Techo para Chile”, fallecido de manera lamentable y trágica en un accidente aéreo, escribió: “Soy un indignado, porque no estamos discutiendo las verdaderas y profundas razones de la pésima y desigual educación que les estamos entregando a nuestros jóvenes, quizás porque llevamos años usando la educación como caballito de batalla de la política de turno.”  Mismo escenario  que se continúa viviendo en estos días donde se enfrentan el Colegio de Profesores con la ministra de Educación, Marcela Cubillos que, en representación del Gobierno, responsable de las políticas públicas de educación, no ha logrado consensuar un acuerdo que permita poner fin a la paralización de actividades del Magisterio, gremio que busca resolver los serios problemas que afectan al sistema educacional chileno y que se reconozca la importancia del rol que cumple el profesor, especialmente del que cumple su tarea en la educación pública. Esa educación que llevó, en junio de 1901, a un grupo de educadores de Santiago a unirse y dar nacimiento al Centro de Profesores de Chile, entre cuyos miembros se encontraban notables personajes de la vida pública como Manuel Barros Borgoño, Diego Barros Arana, Domingo Amunategui Solar, Manuel Guzmán Maturana y Pedro Aguirre Cerda, para quién “Gobernar es Educar” fue el lema de su campaña presidencial.

Ya nadie desconoce que la educación es el factor que más influye en el desarrollo y progreso de las naciones; que es el medio más adecuado para lograr la movilidad social, igualar las diferencias y permitir el acceso a los bienes de la civilización y la cultura a los menos favorecidos por la fortuna. Sin embargo, hay que reconocer que a la educación pública le corresponde realizar el mayor esfuerzo por cuanto atiende a la población más vulnerable, aquella donde “la pobreza limita entre un 50 a 80% las posibilidades de éxito educativo e inclusión social” (J. Longás. Académico español. 2019). Cruda realidad nacional que el Gobierno no puede desatender ni menos ignorar si quiere, como lo afirma, otorgar una educación en igualdad y calidad para todos.

Ese el esfuerzo que como país se hace necesario para dar respuesta a través de la educación a los nuevos desafíos que presenta un mundo globalizado y tecnologizado, donde las fronteras del conocimiento están en  permanente expansión y donde la formación humanista y ética está desvalorizada.

A la preocupación por el adecuado funcionamiento del sistema educativo debe sumarse el reconocimiento a la función docente y dar atención a la formación y al perfeccionamiento de los profesores que conviven a diario con la disímil realidad escolar y que tienen que dar vida a la vocación y la responsabilidad de ser maestros, vocación que circula latente en cada maestro  y que se expresa cada vez que interactúa con sus alumnos.

Por ello es necesario que, junto con acumular perfeccionamientos, magísteres o doctorados, importante y una exigencia de los tiempos, qué duda cabe, se hace necesarios maestros que, junto con incentivar y desafiar a los alumnos al aprendizaje y la creatividad, no sólo trasmitan humanidad y valores, sino que los vivan junto con sus alumnos.

El necesario equilibrio entre las condiciones en que los profesores desempeñan su labor y su compromiso con una mejor educación pública  debe ser la fórmula para solucionar el conflicto.

Alejandro Mege Valdebenito

Newsletter

  • Compartir:

opinión

Revise su correo para confirmar
la suscripción
logo-ediciones-anterioes