miércoles 17 de julio, 2019

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Aquellas leyes que hablan de eutanasia


 Por La Tribuna

MARIO RIOS (10)

Hasta hace poco tiempo, en Chile, y el resto de las naciones del mundo, requirieron de poco tiempo a los legisladores en el Congreso. Pocas eran las leyes porque la población actuaba con valores y principios, por ser tales, no requerían  de leyes republicanas.

La Reforma Constitucional aprobada el 2005, dio un impulso legislativo, justificando, las remuneraciones por años completos a los parlamentarios y animándolos a presentar leyes por cualquier cosa.

Los estado comunistas eran así. En comentario anterior, recordábamos el proyecto de Ley presentado por Stalin al Congreso ruso. Fue de un solo artículo: “Dios no existe”. Se aprobó por unanimidad permitiendo al dictador comunista, eliminar todo aquello en que Dios era mencionado. Había logrado que la República, resolviera tal cuestión. Por de pronto, la Iglesia Católica Ortodoxa del patriarcado ruso, sufrió la demolición de varios templos en Moscú y decenas de otros en el territorio y en las naciones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS. En realidad Stalin, en medio de esta destrucción, sólo cumplía con la ley que le había mandatado el Congreso.

En Chile, alumno aventajado en estos desvaríos institucionales, tiene cuatro proyectos de leyes sobre formas, (republicanas), de aplicación de la Eutanasia. Es decir, lo mismo que “Dios no existe”.  Sí, porque en una ley pretender definir el cómo hacerlo junto al porqué hacerlo, es tan absurdo como pretender definir los asuntos que son propias de la fe y en ella, como debe manifestarse y cuando.  A su vez, la ley, nunca identifica a personas, sino que sólo permite que se ejecute o no. Si uno de estos proyectos se aprobara la eutanasia, integrará al Manual de Procedimientos, sin importar la identidad de quien lo dispone, solo que esté calificado. Resolver el término de una vida, ciertamente que no es un tema republicano, por lo tanto, no es tampoco un asunto legislativo. Por ello la Constitución, en todo su articulado, jamás menciona a la muerte, a pesar de que es una cuestión finalmente social, esencial del ser humano, pues, independiente de la forma en que se manifieste, será la sociedad, responsable de ello. En verdad, nuestra Constitución, dejó la muerte en el ámbito de la espiritualidad, considerando que nuestra vida-nación, se expresa en la Civilización Cristiana. Por ello, de este fundamento, surge declaraciones de morir y aun más proclamarlas: “…Y morir por mi patria, si así se me requiriera”. Y en lo religioso, “la gloria eterna de quien murió proclamando a Dios”.  Y cientos de mártires están hoy en los altares.

Hoy, la medicina se vanagloria porque ha logrado extender la vida del ser humano a niveles tales, que las peticiones eutanásicas, están en aumento. Viven más, pero el deterioro es mayor.

¿Tiene derecho una persona plena en sus capacidades de discernimiento pedir que se aplique la eutanasia, (disponer de su vida y ser muerta), porque tiene dolores, su psiquis ya no la acompaña y claramente fallecerá pronto porque la medicina ha sido incapaz de resolver sus males que le afectan en la salud?  La respuesta general es la duda. Aquellos que la materialidad de la vida es su principal aliciente intelectual, dirán que sí.

Aquel paciente que lleva tiempo, conectado a respiradores mecánicos u otros elementos artificiales que actúan sobre su cuerpo y él se encuentra, absolutamente inconsciente, ¿puede desconectarse todo lo extra corpóreo y esperar su muerte breve?. Siento que la mayoría dirá que sí.

Entonces comienza el debate. Será necesario para ello, obviar la Ley  porque ya hemos convenido que este no es un asunto  republicano ni democrático. En realidad el debate ya iniciado en una Mesa Redonda en el Hospital la semana pasada, dio sus primeros pasos.  Se sentaron las primeras bases en torno a la moral, responsabilidad  y salud. Es decir, se fijó un espacio doctrinario y ello es un buen aliciente para profundizar sobre la vida, más que la muerte.

Mario Ríos Santander


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