miércoles 17 de julio, 2019

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El rol del profesional de la salud en la donación de órganos


 Por La Tribuna

Al tradicional rol de las instituciones de educación superior de formar profesionales y técnicos de excelencia, con dominio de sus áreas y preparados para contribuir al desarrollo del país, hoy la función social de las universidades es inherente a su misión y reconocida además de valorada por la comunidad.

En las diferentes casas de estudio aportamos a la detección de las problemáticas sociales, la búsqueda de soluciones y contribuimos con ello, al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades que las rodean. Temas prioritarios, como los que se relacionan con la salud, se reflejan en la formación de los profesionales y logran visibilización, a través de la investigación y la vinculación con el medio.

Uno de los fenómenos preocupantes, del cual las universidades han manifestado estar al tanto, es la baja en la cantidad de donantes en Chile y la gran necesidad de trasplantes, que sobrepasan los dos mil nombres en lista de espera.

De acuerdo a la ley 20.673, de mayo de 2013, todas las personas mayores de 18 años se convierten en donantes de órganos, a menos que hayan manifestado ante notario su intención de no serlo. No obstante, la decisión final depende de la familia, que muchas veces por escasa información no concreta la acción de donar.

Los profesionales de la salud, en especial del área de la Enfermería son una parte muy importante del equipo de procuramiento de trasplantes y lideran este complejo proceso. Su esencial rol los lleva también a convertirse en agentes promotores de la donación, dedicando gran parte de su tiempo a cambiar ideas erróneas, mitos que alejan a las personas de la entrega de órganos de sus familiares, para dar vida a otros. 

Con un registro de 48 donantes por millón de habitantes en 2018, España es, desde hace 27 años, líder mundial en la materia. La cifra duplica la de la Unión Europea, con una media de 22,3, y se aleja de forma significativa de la de Chile, que el año pasado alcanzó sólo 2,6 donantes por millón de habitantes (enero a mayo de 2018). El éxito alcanzado por España se atribuye en gran medida a la labor del coordinador de procuramiento. Sin embargo, también se señala que el desarrollo de campañas educativas fue clave en la optimización del sistema.

Las instituciones de educación superior deben hacerse parte de este desafío de informar, hacer eco de campañas nacionales y “educar en solidaridad” a sus futuros profesionales.

La educación juega, una vez más, un rol de relevancia en la difusión de las reformas de salud, para que de esta manera la donación y el trasplante se conviertan en una prioridad y mejoren los índices que sitúan al país por debajo de las cifras esperadas. Educar para producir este cambio es una tarea que no debe perderse de vista.

Roger Sepúlveda Carrasco

Rector Santo Tomás Los Ángeles


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