miércoles 17 de julio, 2019

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Opinión

La impronta de una nueva visión de escuela


 Por La Tribuna

Profesor Juan Bustamante M.

Es de suyo evidente que el principal requerimiento de la sociedad actual es la tenencia de una escuela contextualizada paradigmáticamente; esto es, un centro de enseñanza hijo de la sociedad del conocimiento y la información, capaz de responder a las necesidades específicas de este sujeto tecnológico y posmoderno que puebla los diversos espacios escolares de la realidad sistémica, y para el cual se precisa –además de una nueva dinámica institucional– de una acción pedagógica que lo lleve a constituirse en un sujeto dueño de su vida y de su propia historia, dotado de voluntad y raciocinio para construir sus propios horizontes.

En otros términos, un individuo que siendo protagonista de su propio aprender, no solo sepa acerca de algo, sino que sepa hacer uso de ese conocimiento específico y lo valore en su real dimensión; que sepa ser e integrarse con otros (sentido de colegialidad y trabajo en equipo), al propio tiempo que desempeñarse eficiente, eficaz y efectivamente a causa de que está dotado de las competencias indispensables para responder a los desafíos que el entorno social, histórico y cultural le impone.

Un sujeto que si bien es un nacional, es al mismo tiempo un ciudadano planetario cuyas habilidades, destrezas, capacidades y competencias estén a la par que las de otros nacionales de otros contextos sociales, históricos y culturales con los que pueda interaccionar. Un sujeto, en suma, que aprende a aprender y que junto con ello desaprende y reaprende constantemente, dada la velocidad de los cambios y avances en el conocimiento y en las tecnologías de la información y la comunicación. Un sujeto que al mismo tiempo sea dueño de las mayores competencias posibles en pro del más libre y consciente ejercicio de la ciudadanía y la plena inserción en una comunidad globalizada, como hace un tiempo nos lo hicieron saber los académicos Brunner y Elacqua.

Todo lo anterior, porque se trata de una escuela que se caracteriza por tener un clima institucional óptimo, esto es: a) que favorece la plena participación de la comunidad educativa, b) que posee metas compartidas hacia adentro y hacia afuera de sus fronteras, c) que provee estabilidad global a cada uno de los agentes educativos que se conjuntan en esta (docentes, asistentes de la educación, estudiantes, apoderados), d) que se ocupa de que el microcurrículo responda a los criterios de calidad de diseño, conformancia y servicio al estudiante, de modo que se asegure la calidad de la educación (Murillo, 2003) y de los aprendizajes discentes.

Una escuela, por lo tanto, que abre sus fronteras hacia otros espacios al sentirse parte de una comunidad inmediata y mediata que la sustenta, y en la que se posiciona como indispensable y que solo es posible si se trata de una escuela que aprende, es decir, de una institución educativa que se interroga, investiga, dialoga, comprende, mejora, difunde, debate, se compromete y exige (Santos Guerra, 2000) conforme los parámetros posmodernistas que la afectan.

Una escuela que por ahora, hablando de nuestro país –y muy a nuestro pesar, por cierto–, es la gran ausente por su reconocida falta de capacidad para responder a los desafíos que surgen de esto que hemos denominado la posmodernidad y cuya fuente no ha sido otra que la sociedad del conocimiento y la información de la que formamos parte, misma que nos ha convertido en esta aldea global que llegó para quedarse ad eternum, a pesar de nuestros soslayos y resistencias.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles


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