miércoles 17 de julio, 2019

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Imposible tapar el sol con un dedo


 Por La Tribuna

Profesor Juan Bustamante M.

Los centros educativos, en Chile, “son pequeñas dictaduras”. No en vano el académico Patricio Lynch Gaete sostuvo en su obra “Liderazgo” que “los directivos escolares están utilizando erróneamente un liderazgo que es útil en otros contextos situacionales, en otras organizaciones, pero no en las escuelas”, por lo que “los administradores educacionales no deberían postergar una revisión crítica, muy sincera, respecto del liderazgo que corrientemente están utilizando en la mayoría de las escuelas, liceos y colegios, y que no dudaría en calificar como altamente inconveniente para la educación, por su esencia fuertemente burocrática y autoritaria”, y que a no dudar, se extiende a los Departamentos de Educación Municipal, por ejemplo.

El asunto es que, como lo indica la académica Silvia del Solar, “el autoritarismo (…) es un fenómeno instalado poderosamente en la cultura de la escuela”, puesto que no existen condiciones macro, meso y microsistémicas que,  basadas en el pensamiento crítico, el propositivismo, la proactividad, la asertividad y la autonomía, lleven a los docentes a reconocerlo como un problema real e inconveniente para su desarrollo personal y profesional, ya porque se le asume como algo propio de la función directiva; ya porque se le invisibiliza desde el acostumbramiento sobreviniente de su práctica cotidiana, casi refleja; ya porque se le activa a partir de formas pseudodemocráticas, o como consecuencia de la abulia o el temor que suele adueñarse de los enseñantes en la relación entre docente directivo y docente de aula.

Sobre este particular, lo que todo administrador educacional debe tener en cuenta es que, en palabras de Elizabeth O’ Leary, “el título de jefe o gerente no le convierte automáticamente en líder”, y mucho menos en un experto directivo (atendida la condición de organizaciones sociales complejas que caracteriza a los centros de enseñanza), por lo que, en términos de la misma autora, “para ser un buen líder necesitará reforzarse, manteniéndose al tanto de las últimas tendencias en el campo del liderazgo, observando a otros líderes y aceptando que su propio estilo de liderazgo cambiará a medida que adquiera experiencia”, expresiones estas que se complementan con lo aseverado por el ya aludido Lynch Gaete cuando arguye que “a los líderes educacionales les corresponde crear las condiciones de confianza, solidaridad y aceptación grupal para que los profesores se integren en un compromiso común con la unidad educativa, sobre una base participativa en las decisiones que realmente inciden en la conducción de la escuela”, en la idea de romper con ese círculo vicioso que daña la calidad de la educación y de los aprendizajes de los estudiantes.

Y como no hay peor manera de contribuir a la eternización de fenómenos como el autoritarismo y sus diversas manifestaciones factuales en los establecimientos educativos con un silencio cómplice –ello, además de algunas cegueras y sorderas oportunistas–, bienvenidas sean, por temerarias que pudieran parecernos, las verdades teóricas y la empíricas, con el objeto de remover las conciencias docentes en pos de evitar, sí o sí, que de pequeños actos de abuso de autoridad, se siga pasando al abuso de poder, al acoso laboral y hasta la prevaricación, como ha sido la tónica en multiplicidad de casos de público conocimiento.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles


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