sábado 20 de julio, 2019

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Centralismo Regional


 Por Leyla Bascur

Varias lecciones positivas quedaron el trágico paso del tornado en Los Ángeles. Las autoridades actuaron con inmediatez ante la desazón de un número importante de angelinos que la estaban pasando mucho más mal que el resto de los habitantes de la comuna.

Fueron cuatro días de trabajo intenso donde todos trataron de ayudar y llevar esperanza a aquellos que perdieron parte de sus cosas.

Sin embargo, al margen de esta pérdida de materiales, existe otra que no se puede ver. Se trata de las secuelas psicológicas y morales que afectan a todos los angelinos. Vernos otra vez envueltos en un fenómeno natural del cual no manejamos nada y que no existe mucha información certera al respecto es preocupante.

Por ello el anuncio que se realizó de la posibilidad que el propio Presidente de la República visitara la zona, era una señal de cariño que nos venía muy bien. Lamentablemente no se concretó, por las razones que haya sido dejó otra estela de orfandad moral en la comuna.

Por los medios nos informamos que el Presidente Piñera llegó a Concepción y visitó la zona afectada y lideró una actividad que entregaba confortabilidad a los afectados por un fenómeno similar que se vivió en las comunas costeras de Concepción y Talcahuano.

A penas una hora de viaje en vehículo separan a la capital regional de la capital provincial de Biobío pero que a raíz de la suspensión de la visita presidencial, se transformó en una separación más evidente entre el Presidente de todos los chilenos y los habitantes de Los Ángeles.

Si bien es cierto, apreciamos que el intendente Giacaman, representante del Primer mandatario en la región, haya llegado a la zona cero en menos de una hora- junto a varios seremis- y liderara a los servicios locales para disponer de la mejor ayuda para los damnificados, de quien esperábamos una espaldarazo de energía era de nuestro Presidente.

Habría sido un inmenso gesto de cariño para nosotros, para superar eso que no se ve: la tristeza y la angustia de verse expuestos a una naturaleza que clama por su lugar en la tierra.


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