martes 16 de julio, 2019

noticias por comunas

EDICIÓN IMPRESA

Opinión

Doctorados en Chile: ¿y qué viene después?


 Por La Tribuna

Lilian Burgos, Académica Universidad INACAP

Desde hace un tiempo en medios nacionales se han difundido  preocupantes estadísticas respecto a la tasa de ocupación laboral de la formación doctoral en profesionales chilenos.

Los datos que arrojan, encuestas y bases de datos distan mucho en la información que entregan unos y otros.

Una encuesta realizada por la ANIP Asociación de investigadores de postgrado, el año recién pasado emitía la alarmante cifra de desempleo de un 12%, sin embargo el Censo del 2017, indicó que sólo el 2,5% de quienes alcanzaron ese nivel de estudios se encontraba desempleado, sin embargo, cabe señalar que la redacción de la pregunta pudo haber influido en esta merma tan considerable.

Conicyt también informó que solamente un 7,4% de sus becarios, se encontraba desempleado, aunque hay que considerar que no todos los doctores han dispuesto de un financiamiento estatal (éste u otro) para cursar sus estudios doctorales, por ende, la muestra se restringe un poco más.

En conclusión, el panorama no es global y no permite establecer una versión completa de la realidad laboral de la situación de empleabilidad de los doctores en Chile.

Sin embargo, el debate debe abrirse hacia otras cuestiones que superan la mera estadística y que dicen relación con otras inquietudes no menos dramáticas, como por ejemplo, qué tipo de doctores necesita el país y cuáles son los paradigmas actuales que involucran la investigación en Chile.

A estos factores hay que agregarle variables tales como la informalidad laboral, tipos de contrato, las opciones reales de inserción laboral de un Doctor cuando retorna al país, la responsabilidad que el país y las universidades tienen en torno a sus becarios y el reemplazo de la carrera investigativa por otros oficios para el sustento económico, entre otros.

Se han conocido en las redes sociales las quejas de algunos doctores que han visto reducir los fondos estatales para el desarrollo de sus investigaciones en áreas tan sensibles como la ciencia para el desarrollo tecnológico y social del país. Aquella política pública país que reduce gastos o bien que no asegura una inserción laboral digna en su potencial intelectual, no permitirá evidentemente un avance en el nivel de desarrollo tecnológico y social del mismo.

Lamentablemente, aún el Estado- a pesar del aumento en estos últimos años en un 38% en la inversión en becarios- es incapaz de valorizar su recurso intelectual y su capital humano y   es deber del mismo, cautelar que la formación doctoral y por ende, investigativa del país sea de verdad un pilar fundamental en el crecimiento del desarrollo tecnológico y social.

No debemos olvidar, que quienes han logrado llegar a este nivel de formación y perfeccionamiento,  ya vienen de haber sorteado las estadísticas propias de desigualdad existente en nuestro país tales como: origen social, proveniencia establecimientos  educativos, región de residencia, barreras  culturales, idiomáticas y ya en su regreso deben salvar en algunos casos las brechas de la incomprensión de sus instituciones patrocinantes,  de su grupo de pares y hasta de los propios gremios, cayendo incluso en una sobrecalificación cuando desean volver a sus antiguos trabajos. Por ello, es el Estado quien debería regular y velar por la protección de este personal altamente calificado, estableciendo ciertos estándares para que  estos profesionales contribuyan al desarrollo y sean un aporte real al desarrollo y partícipes de la co construcción de las ciencias.

Lilian Burgos Araneda

Académica Asociada

Universidad Tecnológica de Chile


  • Compartir:

opinión

Revise su correo para confirmar
la suscripción
logo-ediciones-anterioes