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Opinión

Comida, el reflejo de nuestro vivir


 Por La Tribuna

gino benedetti (1)

Creer que comer, es sólo la acción de masticar y tragar, es algo muy erróneo, este acto tan complejo, va mucho más allá, transformándose en uno de los dilemas de nuestra sociedad. Hoy nos replanteamos la manera de ver y entender la comida, siendo ésta, uno de los factores fundamentales, tanto para nuestro bienestar biológico, social y cultural, logrando establecer pensamientos profundos y significativos que se presentan a diario en el crecimiento de todo ser humano. Al comer nos enfrentamos a la composición y secretos de cada alimento, donde en ellos se manifiesta el reflejo de nuestra sociedad e involucra muchas veces el contexto socioeconómico en el que nos desenvolvemos como seres vivos, generando un dilema al elegir qué productos alimenticios utilizaremos para cocinar e incorporarlo a nuestro organismo.

Esto no sólo tiene una incidencia a nivel de grupo o poblaciones, sino que también incide de una manera individualista. El Observatorio de la alimentación ODELA,  señala que “somos lo que comemos, pero también vivimos como comemos”, este postulado, no hace más que confirmar que la alimentación, que cada uno tenemos nos construye, guardando una estrecha relación con lo que nos sucede en la vida en relación a nuestro organismo, y con esto no quiero decir, que se divida en gordos o flacos, si no que comprendamos los conceptos de buena y mala alimentación. Y como con esta última atentamos hacia nosotros mismos. Esto no sólo se trata de generar una salud óptima, libre de enfermedades, se trata de lograr una alimentación que sea influyente en nuestro nivel energético, en nuestro estado de ánimo, generando una conexión con la naturaleza y en la forma como nos relacionamos con los demás, ya sea en nuestras jornadas laborales, relación de pareja o familia y con los demás seres que viven en el planeta. Nuestro nivel energético es el reflejo de una persona bien o mal alimentada, es decir una persona que demuestra un cansancio constante, con dificultad en desarrollar sus labores diarias ya sea cuando estudia o trabaja, es un ejemplo claro de mala alimentación, ya que por lo general su sueño, pereza o debilidad, la ayudan a no poder realizar actividades que incluso son de satisfacción personal o de ocio. En cambio sucederá lo contrario en personas con buenas conductas de nutrición, donde su energía es óptima, donde no tendrán la necesidad de tomar o beber un café cada hora, para terminar el día.

Aunque parezca incierto, muchas veces nuestros “achaques” son a causa de no experimentar, como forma de vida el concepto de buena alimentación, lo que significa que tampoco hemos sido protagonistas de lo que significa estar con un nivel de energía superior u óptimo. Es fundamental que realicemos un alto, en el buen chileno “bájese de la moto” y piense por unos minutos, si siente que su energía para vivir es la que desea y con la cual alcanza a terminar el día. Siempre estamos frecuentemente cansados, en ocasiones sin ganas de emprender o realizar cosas nuevas, una gran parte de la sociedad, hoy vive carente de esa energía, que es el motor de empuje para vivir una vida plena.

La respuesta de saber por qué nos gusta o no el chocolate, las sopas o los helados, podría ser para muchos el reflejo o resultado de nuestra cultura, crianza o contexto en el que día a día vivimos, pero no es más que la manifestación de nuestro propio ser y es sin duda la expresión de lo que nuestro organismo necesita.

Gino Paoli Benedetti

Académico área Hotelería, Turismo y Gastronomía

Inacap Los Ángeles                                                                                     

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