martes 20 de agosto, 2019

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Chile avanzó


 Por La Tribuna

Victoria Abarzua

Hace algunos días la Cámara de Diputados  aprobó el proyecto de Ley de Adopciones, que busca dar cuidado a nuestros niños y ponerlos primero en la fila, elimina las discriminaciones entre distintos tipos de familia y moderniza el actual sistema, pensando siempre en el interés superior de los niños de Chile.

Cuando nos centramos en intereses personales, olvidamos que hay muchos pequeños en nuestro país que esperan ejercer su derecho a vivir en una familia.

Los centros de acogida se rigen por un sistema que está demostrado que no funciona y mientras los parlamentarios, desde el 2013,  trataron de llegar a un acuerdo. Los niños no pueden seguir esperando más.

Con firmeza creo que con esta reforma se asegura que los niños que han perdido su hogar, se le asegure la mejor familia que esté dispuesta a recibirlos.

Tradicionalmente se dice que a un niño se le debe devolver lo que perdió; un padre y una madre. Sin embargo esta interpretación resulta antojadiza e incluso forzada, toda vez que los instrumentos internacionales sobre la materia, e incluso la Constitución, hablan de rol fundamental de la familia, por encima del rol del padre o la madre.

Dejar de hablar de “padre y madre” y acuñar el término familia por encima de estas figuras tradicionales, revela una situación conocida por todos; hay distintos tipos de familias en Chile.

En nuestra sociedad actual hay distintas composiciones de grupos familiares y ninguna es mejor que la otra.

La más apta para recibir a un niño debe ser medida por otra rúbrica, relacionada con valores, estabilidad, amor, cariño, respeto y el derecho de ser amado, no por sus integrantes.

Nadie puede garantizar que un matrimonio tradicional será la mejor opción para todos los niños en condición de ser adoptados. Por el contrario, cada niño es un universo en sí mismo, con necesidades y aptitudes diferentes y entre más opciones existan, mejor.

Hay que dejar de lado, de una vez por todas, prejuicios y discriminaciones, para de esa manera dar soluciones concretas a los niños que requieren y necesitan una familia.

Todo niño tiene derecho a una familia que lo ame, proteja y auxilie cuando sea necesario y la composición de esa familia no es garantía de nada.

No se es mejor persona por ser hombre o mujer ni por ser esa la composición tradicional de una familia. Entenderlo como la única forma de familia implicaría discriminar arbitrariamente el rol de miles de madres solteras, padres separados, abuelos y cuánta diversidad refleja nuestro país y la sociedad en general.

No haberlo hecho sería un retroceso de décadas, con la ley de adopción, a mi parecer, Chile avanzó.

Victoria Abarzúa

Presidenta regional de Evópoli


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