martes 16 de julio, 2019

noticias por comunas

EDICIÓN IMPRESA

Opinión

Aula vacía: 15 mil estudiantes sin educación en el Biobío


 Por La Tribuna

La vida de Bruce Pedrero (17) cambió en los últimos días de julio de 2011, cuando en medio de una noche espesa, sin estrellas ni reflejos, le dijeron que a su padre lo había alcanzado un disparo que le provocó la muerte. “Después de eso me volví cada vez más agresivo, más violento, les pegaba a todos los que me decían ‘huacho’ en el colegio. Al final, termine repitiendo tres veces sexto básico en el liceo”, cuenta Bruce.

Después de esa noche, cuenta que la calma relativa de su vida se quebró drásticamente. Su madre comenzó a trabajar sin descanso, sus hermanos se fueron distanciando y él, con 9 años, terminó viviendo de allegado en la casa de su abuela. “Mi mamá empezó a ignorarme, llegaba a verme y no me pescaba. Fue súper duro, en el colegio me convertí en el  niño ‘huacho’ y los profes no hacían nada para frenar el bullying. Me daba rabia. ¿Quién tiene ganas de ir al colegio cuando te tratan pésimo sólo porque te quedaste sin papá?”.

Desde entonces, Bruce pertenece a los más de 15 mil niños y jóvenes excluidos del sistema educacional en la región del Biobío. “Que un niño dejé de estudiar muchas veces tiene que ver con quiebres familiares que hacen que un día el niño viva con la abuela, al otro con la tía y al siguiente, con la mamá. Eso hace que cambien de colegio muchas veces y terminen perdiendo su trayectoria educativa”, indica Liliana Cortés, directora ejecutiva de Súmate del Hogar de Cristo, fundación que trabaja desde hace 25 años el tema de la reinserción educacional.

La deserción escolar en Chile es un problema que se comenta poco, pero existe. Bruce estuvo cerca de tres años sin ir al colegio, sus días los dividía donde su abuela o en la esquina del barrio. “Después mi mamá empezó a salir con otro hombre, que, como era borracho y trataba mal a mi mamá, me obligaba a quedarme en la casa para cuidarla. Muchas veces lo eché a patadas y eso me trajo hartos problemas, porque mi mamá lo defendía… Así fui repitiendo año tras año”, señala Bruce.

Según los resultados de un estudio realizado por Hogar de Cristo, sobre la cantidad de niños excluidos del sistema educacional, en Chile habría casi 222 mil niños y jóvenes entre 6 a 21 años fuera del sistema escolar. “Los jóvenes marginados de la educación lo son por su pobreza, porque padecen graves problemas familiares y/o de aprendizaje. No son visibles y no marchan. Esta realidad se acentúa aún más en las regiones, donde las soluciones son distintas a las de Santiago”, explica Liliana Cortés.

En Chile, aunque no existe en el ministerio de Educación la figura formal de escuelas de reingreso, hay cerca de 12 establecimientos que desarrollan esa labor. Cinco son de Fundación Súmate y tienen capacidad de recibir en total 700 alumnos anualmente. Existen fondos concursables para financiar este trabajo, destinados a reinserción escolar, pero desde 2015 se han ido reduciendo en favor de otras demandas, como la educación superior gratuita, universal y de calidad.

Hoy Bruce está cursando tercero y cuarto medio. Entró en 2014 a la Escuela Nuevo Futuro de Fundación Súmate en Lota, región del Biobío, orientada al cumplimiento del derecho de educación de niños pertenecientes a sectores vulnerables. “Ahora es distinto, acá los profesores se preocupan de mí. Me acuerdo que cuando llegué, hubo un momento en el que dejé de ir al colegio, no pasaron ni tres días y me fueron a buscar a mi casa para ver si estaba bien. Eso para mí es fuerte, porque no estoy acostumbrado a que me pregunten cómo estoy, porque con mi familia ya casi ni hablo”.

Prejuicio, discriminación

“Cuando salíamos de clase, a veces íbamos a la plaza de Lota, pero nos quedaban mirando como si fuéramos ladrones. Era fome. Nos reconocían por el uniforme y nos quedaban mirando, eso nos frustraba, nos daba impotencia”, cuenta Brian Paredes (19), alumno de la Escuela Nuevo Futuro desde 2013.

Para la profesora de la Escuela Nuevo Futuro, Jocelyn Estuardo (34), los muchachos que llegan a estudiar a la escuela pertenecen a la población donde más impactan la pobreza y la exclusión. “No son ‘delincuentes’ ni ‘patos malos’. Son muchachos que se sacan la mugre por salir adelante”, declara la educadora del Hogar de Cristo en Lota, donde aún hay más de 290 jóvenes excluidos de la educación.

Según datos de la Cepal, el tema no deja de ser preocupante: en 8 de cada 10 casos, el abandono del colegio está relacionado con contextos de pobreza. “Cuando llegué a estudiar a la escuela igual fue brígido, tenía compañeros que venían del Sename, que habían estado abandonados en la calle, pero después me di cuenta que ellos también querían salir adelante, eso me sirvió para aprender más de la vida”, dice Brian. Y  agrega que ahora en la calle ya no los miran como delincuentes: “Se han dado cuenta que acá estamos estudiando igual que sus hijos, solo que a nosotros nos tocó más peludo por dónde nacimos”, finaliza.

Matías Concha P.


  • Compartir:

opinión

Revise su correo para confirmar
la suscripción
logo-ediciones-anterioes