jueves 22 de agosto, 2019

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Opinión

Educación y tecnología

Alejandro Mege Valdebenito


 Por Sebastián Carrizo

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La educación es un fenómeno social que se da en la interacción entre humanos, proceso a la que la tecnología, cuando es utilizada adecuadamente y no como un simple accesorio sin mayor efecto en un aprendizaje significativo,  puede contribuir para hacerla más eficiente por la cantidad y rapidez  de la información que aporta, más, cuando se trata de seleccionar y dar uso a esa información la intervención del profesor es insustituible por cuanto la inteligencia artificial  (por lo que se sabe hasta ahora)no tiene sentimientos, autocontrol ni conciencia ética, ni está en condiciones – por ahora- de resolver problemas de la vida diaria que son propios de las complejas interrelaciones humanas. Por eso, afirma Mark Sparvell profesor australiano y gerente de marketing de educación de Microsoft Corp., que la profesión docente es la que  menos riegos corre de ser automatizada, y que la necesidad de profesores aumentará junto con la población mundial con la misión que se les asigna de humanizar el uso de la tecnología con el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales. “La enseñanza del siglo XXI debe ser social, basada en competencias más que en conocimientos, personalizada, relevante y contextualizada, y la sala de clases no debe ser cuatro muros, tiene que ser una clase abierta, que se relacione con el exterior. Todo ello es facilitado por la tecnología” (M. Sparvell).

 

La incorporación de la tecnología en educación creó grandes expectativas para resolver los problemas de enseñanza-aprendizaje y de formación  que los profesores no  logran superar y mejorar los resultados educativos. Sin embargo, salvo situaciones puntuales,  no existen suficientes evidencias que así lo demuestren. De hecho, cada vez se usan más las computadoras como máquinas de escribir y medio para buscar información pero se desconoce el real impacto en un aprendizaje más efectivo del currículo escolar y menos aún en la formación de valores. La tecnología puede y debe ser “una ventana de oportunidades” para ampliar y complementar el aprendizaje y seguir aprendiendo pero no es un “espacio seguro”  para considerarse una persona “educada”, por cuanto el verdadero alcance de la educación va más profundo que el almacenaje de información y materias que, a poco andar, la mayoría se olvida y otras quedan obsoletas, ya que la verdadera educación incluye, junto al desarrollo de habilidades y destrezas intelectuales, la formación y practica de comportamientos y actitudes para una convivencia social sana, respetuosa, solidaria y propositiva, con capacidad de autocrítica que habilite para realizar una crítica constructiva que no esté condicionada por dogmas ni posiciones particulares que, por legítimas que sean, le impidan objetividad.

La tecnología apoya el trabajo docente, pero no lo sustituye cuando de formación humana se trata, de ahí que el profesor que utiliza la tecnología debe estar habilitado para hacer uso pedagógico de ella, reforzar la enseñanza de contenidos humanistas así como el estudio de los problemas de la vida real, profundizando el ineludible mensaje ético que lleva consigo la educación y del que la tecnología adolece.


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