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Opinión

Pintemos de verde la Reforma Tributaria

Victoria Abarzúa, presidenta regional de Evópoli


 Por La Tribuna

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El cambio climático es una realidad que nos impacta día a día. La ciencia ya demostró el impacto de la actividad humana en el aumento de la temperatura en el planeta. Esto se traduce en las catástrofes que afectaron a miles de personas durante el verano: aluviones en el norte, incendios en el sur y en la Patagonia, y sequías que impactan a nuestra agricultura.

La iniciativa que planteamos desde Evópoli busca duplicar el impuesto actual a las emisoras de C02 de U$5 por tonelada a U$10, lo que se traduciría en una recaudación de U$229,2 millones.

Esta propuesta de reforma tributaria a través de un impuesto a las emisiones de carbono puede ser una buena forma para buscar el equilibrio financiero de la reforma tributaria. La fragilidad del medio ambiente amerita que el que contamine más, pague más. Con esta propuesta no solo buscamos recaudar más dinero, sino que hacemos justicia y exigimos compensación económica a quienes más daño generan a nuestro entorno.

Es importante destacar que Chile tiene uno de los más bajos ingresos por impuestos pertenecientes al cobro del sector medio ambiental, pues representó en 2014 el 1.2% del PIB. A su vez, el promedio de la OCDE es de 2,2%. Esto lo explicaría un bajo gravamen –en comparación con los países miembros de esta organización– aplicados a los combustibles fósiles. Por lo cual, puede concluirse que también hay espacios para incrementar dicho aporte por medio de los “impuestos verdes”.

Nuestro país se ha incorporado lentamente en el grupo de países que consideran ciertos instrumentos económicos ambientales. Estos impuestos constituyen un ejemplo de internalización de los costos que debe realizar una persona o empresa por su actividad, a fin de mitigar los efectos contaminantes de su emprendimiento. Es lo que se conoce en el plano internacional como el principio de “el que contamina, paga”. El objetivo de este principio, plasmado en el impuesto verde presentado en el proyecto de reforma tributaria, consiste en gravar con un impuesto a quien realiza una actividad contaminante, de manera de incentivar la incorporación de las mejores técnicas disponibles que disminuyan los efectos de la contaminación que su actividad provoca, lo que se conoce también como “energía limpia”.

Somos la última generación con la oportunidad de revertir esto; solo tenemos un planeta y por eso empujamos con mucha fuerza esta propuesta, porque creemos que tenemos la responsabilidad ineludible de entregarle a nuestros niños un mundo mejor que el que recibimos.

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