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Opinión

Las familias chilenas, (deben ser) protagonistas de la modernización tributaria

Cristóbal Urruticoechea, diputado de RN por el distrito 21


 Por La Tribuna

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Para la reforma tributaria, la administración del presidente Sebastián Piñera deberá enfrentar, en torno a la discusión, varias opciones que hoy permanecen abiertas, incluidas aquellas que de forma amenazante truncan los anhelos que quieren promover el crecimiento y la inversión. 

Parece raro pero es cierto. ¿Quién podría negar la posibilidad de que las familias chilenas tengan mayores beneficios? 

Las dimensiones de las discusiones frente a las distintas soluciones para un mismo tema enredan los argumentos y confunden lo que de verdad podría ser  beneficioso o no.

Existe claridad, al menos por parte de la persona que escribe esta columna, de que la materia en discusión trae beneficios para nuestro país, reconociendo eso sí que existen matices y observaciones a considerar y que se pueden mejorar.

Ahora bien, se debe ir más lejos, casi como una obligación. Las condiciones así lo ameritan.

Tenemos que  incorporar y reconocer a las familias chilenas como actores relevantes dentro de la reforma tributaria, proporcionándoles mayores incentivos y beneficios. Muchos son los países que reconocen a la familia cuando se definen los impuestos. En Francia se agregan los ingresos por grupo familiar y se dividen por el número de miembros para definir la tasa que se aplicará a la base tributaria de cada individuo. Así no solo se crea el incentivo para mantener familias unidas, sino se les reconoce también su rol en la política social.

Si una mujer soltera es el sustento del hogar, cuida a su madre y educa a dos hijos, por ejemplo, no paga los mismos impuestos que su vecino que vive solo, en similar situación económica y que no tiene “cargas”. En España se establece un mínimo personal y familiar que no se somete a tributación. Este mínimo personal es la valoración que hace el Estado de cuánto le cuesta a una persona cubrir sus necesidades vitales mínimas. Por tanto, esta cuantía no se considera renta disponible y no se somete a tributación. Respecto del mínimo familiar, es la valoración que hace el Estado de cuánto cuesta económicamente a un contribuyente atender las necesidades básicas de su familia. También se contemplan situaciones especiales como hacerse cargo de personas no videntes, menores de edad, cesantes, etc.

En fin, se pueden constatar varios ejemplos en donde se considera el valor de lo que algunos llamamos el “pilar de la sociedad”, la familia y su relación con los tributos. Con esto no se desmerecen las demás inquietudes que existen en relación con la materia ni tampoco la ubicamos como la prioridad uno en la modernización tributaria liderada por el presidente Piñera. Es solo un ítem más, muy relevante, a considerar, y así lo propuse a Felipe Larraín, ministro de Hacienda, cuando le hablé de mi proyecto de ley: incorporar y reconocer a las familias chilenas como actores relevantes dentro de la reforma tributaria, proporcionándoles mayores incentivos y beneficios. 

Sobre la pregunta que aparece en el inicio de esta columna: ¿quién podría negar la posibilidad de que las familias chilenas tengan mayores beneficios? Cincuenta y cinco diputados, entre el PC, FA, PPD y PS, dijeron que no a mi proyecto de ley, dijeron no a la posibilidad de que las familias chilenas tengan mayor beneficio. El resto de los diputados dijo que sí. Ahora está en manos del Ejecutivo.

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